7 de marzo de 2010

Discusiones en un chat (ad nauseam)


Las discusiones, a pesar de evitarlas, siempre están.
En esta vida existen discusiones fáciles de resolver, otras llevan un poco más de tiempo para dirimirlas, pero hay algunas, en especial, que parecieran volverse eternas debido a la constante alimentación que recibe de una de las partes involucradas.


Estas, por lo general, son aquellas que suelen retornar en forma intencional para ocasionar polémicas por un lado, y por otro llevar hacia delante argumentos y falacias.


Lo más penoso es que, quien origina este tipo de alegato intencional, suele mantenerlas hasta el punto del cansancio, en una especie de discusión sin fin.


He notado, en ciertos casos, que no es importante debatir sobre cuanto se sabe de un tema determinado, o cuanta sea la razón que se lleve sobre el mismo, sino es ver adonde conduce ésta controversia con el objeto de mantenerla hasta el cansancio.


En los chat hay personajes como en todo el mundo, eso es cierto, y en ese medio, especialmente, al no ver las caras de dichos personajes, se acentúan ciertas cosas; por ejemplo, una persona que sea un poco rara, aprovechando el anonimato e invisibilidad, saca toda su rareza a relucir.


Muchos de estos personajes caen en la contradicción, en algunos casos, de no ser constantes y no mantener el tono y discurso previamente estudiado. Es aquí cuando se descubre el juego de la mentira y el desconocimiento.


He observado en uno de los chats que frecuento, personajes que darían para una novela entera, y aun así no sabría descubrirlos en su totalidad. Muchos de ellos bajo la apariencia de liberación y osadía, se repiten mecánicamente creando un arquetipo con el objeto de llamar la atención.


Es cuando llega el momento que nadie lee a nadie, sino su propia necesidad de ser registrado, tan ávido de reconocimiento (de unos u otros) que varias veces eliminan la posibilidad de hacerlo desde la sinceridad (que para este medio especifico suele ser sinónimo de vulnerabilidad); reemplazando ésta por la polémica a cualquier precio.


Llegado éste punto, es donde destacan los brutos cuyo único recurso es el insulto o la agresión desaforada.


Es complicado transitar este tipo de escenario y salir indemne, pues de una u otra manera nuestra emocionalidad se ve alterada, y a veces resulta difícil no involucrarse ante la diatriba de otros, sobre todo si vulnera nuestras creencias.


Convengamos que el que insulta por Internet es una persona que en la vía pública no lo hace, o lo que es peor, si así lo hiciera, no tiene el valor de ser consecuente de este acto. En una discusión es de tarados quien empieza los insultos, como así también quien hace caso de los mismos y continuarla.


Por acción u omisión siempre se muestra la hilacha eso esta claro, y máxime en un grupo que continuamente viene dialogando e intercambiando opiniones. Lo lamentable es que dentro del grupo ya haya quienes se destaquen, casi en forma permanente, por este tema especifico; quienes tratan de molestar al otro, usando como escudo la pantalla de por medio.


En fin…


nuestras charlas nocturnas

4 comentarios:

*Inesperada* dijo...

Importante, acertada y exacta reflexión, que secundo totalmente.
Me ha interesado y gustado muchísimo.
Muchas gracias por seguir aquí.

D'MARIE dijo...

A ves las partes de un chat,donde se esconden detras de un nick,es revolucionaria y llama a la discusion conjuntamente con la impotencia de la vida mismna.Es como hacer catarsis,solo que muy pocos saben el daño que pueden hacerle a la otra parte que recibe la parte negativa..buenisima tu relfexion
besis

monpita dijo...

Mario el chat es para mi un tema sociológico... Siendo chatera vieja, he quedado momentos, escondida tras un nick anónimo, observando el accionar de quienes integran una sala de chat. Mi conclusion es que una sala de chat es un racimo tupido de soledades encontradas. pues el denominador común es la soledad, y todo lo que nazca de ella tiene un grado de enfermedad.en algunos más aguda que otros.La lucha por el reconocimiento es notable, y unos lo hacen a través de la entrega de una flor, de un grito de "holaaaaa" y otros a través de la agresión, pero de una u otra forma, todos estamos buscando lo mismo, el decir "aquí estoy, yo tambien tengo valor"...por otro lado creo mucho en el dicho "no ofende quien quiere sino quien puede"... me gustó mucho tu analisis.Hace reflexionar.Un tema que me mueve interiormente. felicitaciones y por supuesto un infaltable muaksssssss (ja ja)

Tarzán dijo...

Parto de coincidir con los comentarios anteriores, ó al menos, en gran parte. En una mezcla de buenas y malas, digo que lo que más me molesta, especialmente de salas grandes, son los intentos de hegemonización de ciertos parsonajes, que deseperadamente buscan ser centro de atención, y no uno más en forma natural. Cuando alguno de esos tipos/as se interesa por la salud, los hijos, el trabajo, etc de otros, dudo de si en realidad, hay preocupación cierta, ó solo trata de robustecer su protagonismo. El resto, uno puede tomarlo ó dejarlo, pero dejarse seducir por hegemónicas acciones, me parece deplorable, aunque se trate de una condición virtual, y por lo tanto opcional.Tal vez el pensamiento surja de mi conducta real aprendiendo del poeta uruguayo Serafín J. García (El Orejano):"Y a mí que me importa, soy chúcaro y libre, no sigo a caudillos ni a a leyes me atraco" Saludos, Mario-tzn

Callad, por Dios, ¡Oh buñuelo!.

(La foto es de otro día, los de hoy los haré esta tarde que no me ha dado tiempo) Callad, por Dios, ¡oh buñuelo! Que no podré resisti...