Me gusta el cafe...


Me gusta el café, y mucho. A pesar que por mi problemilla de tensión estoy tomando descafeinado, eventualmente le hago trampa a mi salud y lo mezclo con el tueste natural.

Como dijera el marido de mi cuñada: “…pues si vas a tomar café, toma del bueno”. Y tiene razón, aunque yo tengo la mía, por eso la mezcla. Bueno el tema no va de mezcla, aunque es una buena base para un escrito.

Mezcla hay de todo, sabores, colores, olores, sabores, animalitos, gente, etc. Ya está todo inventado, así suele decir Morgana, y agregaría yo; y casi todo mezclado.

El tema es que hoy domingo, como todos los domingos, comemos en familia. La pequeña tribu mendocina, aquí en Sevilla, nos reunimos en un ritual dominguero, comidas, risas, y algún capitulo de “friends”, serie que cada día me gusta más (a pesar que haya terminado). Y por lógica el susodicho café.

Desayuno con café, después de comer un café, media tarde con café. Mi vida si tuviera un eje líquido, sería éste el café.

Hoy es motivo de escrito porque siempre…siempre se me enfría el café cuando me pongo a escribir.

Para sentarse a escribir, cada uno tiene su ritual. Algunos ponen música, otros saborean su cigarrillo (y porque no alguno lo reemplaza por un porro), algunos se ponen cómodos de ropa, o buscan la temperatura ideal (frio/calor), otros las pantuflas o chancletas de la suerte, quien mas pondrá algo para picar mientras se escribe (papitas fritas, dulces, chuches, o lo que les apetezca), y el famoso café. Bueno que en algunos lugares es reemplazado por el té o el mate, depende.

Yo necesito un cafelito a mi lado, recién hecho, humeante, con sacarina por supuesto (la diabetes no perdona), no me hace falta temperatura especial, ni picadita ad hoc, ni silla mas cómoda, solo el café a mi lado y empezamos la escritura.

Ahora aquí es donde radica mi pseudo problema, que mientras escribo me mando unos sorbitos, en cada punto aparte (y en algún punto y coma), pero ya cuando agarre velocidad, el pobre cafelito se pone triste y se enfría.

Me pasa siempre y eso que al sentarme pienso: “me tomare el café antes…”, y entre sorbo y sorbo voy elaborando una idea y empiezo a golpear teclas, dejando mi tacita a la derecha del teclado.

Sé que algunas personas gustan del café frio, o enfriado con hielo, a mí personalmente no. Es como tomar coca cola caliente o con mucho hielo.

Bueno, quizás esté haciendo alegoría al escrito de Morgana, “Palabras por palabras” (o escribir por escribir), pero ¿a quién no le gusta el café? Y ¿Quién no ha pasado por lo mismo que yo?

El que este libre que tire la primer piedra (para otro lado sino me volcaran la tacita de café…Ay Dios…)

En fin…

nuestras charlas nocturnas

2 comentarios:

D'MARIE dijo...

Mario,te describes ,como me veo .Cafeimaniatica..(asi se escribira?) Bueno el cafe no lo bebo ,ya me bebe a mi ajjaaj...somos siamesas-.Gracias por tu escrito!!
Besis

Anónimo dijo...

Has descrito tan bien ese cafecito, esa compañía humeante y silenciosa, que me he sentido totalmente reflejada en esas tus costumbres que también son las mías.
Qué bien me has hecho sentir ¡¡
Gracias