Con R de...

Te imagino ahí, Amor, en un atardecer brumoso bajo el árbol, sentado y pensativo junto al mar, y pienso que es tiempo de que recibas una nueva entrega de mi alfabeto del amor, aún inconcluso aunque tanto tiempo empezado.

Y seguiré, como corresponde, con la letra R, empezando con la de Razón, porque tú eres la mía, la de vivir, la de seguir aguantando, la de no rendirme y de la tantas y tantas cosas más; y seguiré con:

Con R de Regalo, porque tú eres el que Él creó para mí.

Con R de Rutina, de la que no existe entre tú y yo porque, entre nosotros, cada día, cada instante o cada beso sigue siendo tan único como el primero.

Con R de Rey, de ti, porque eres el mío y yo tu reina.

Con R de Remanso, del que tú eres para mí cuando mis “aguas” están turbias o agitadas y me calmas con tan sólo unas caricias o palabras.

Con R de Rendida, de como caigo en ti tantas y tantas veces hasta que, con tu amor, consigues levantarme y  darme esas fuerzas que creía que no existían.

Con R de Radical, de lo que soy contigo a la hora de quererte, fuerte, firme y sin medias tintas.

Con R de Recibir, porque no hago otra cosa desde que estamos juntos, de tanto que me das.

Con R de Racimo, del que, cual de si una uva se tratase, vamos tú y yo construyendo día a día con granitos de momentos nuestros.

Con R de Refugio, del que tú eres para mis miedos.

Con R de Regla, de esa no escrita que dice que tú y yo somos uno y para siempre y que cumplimos tan gustosamente.

Y, para terminar, con R de Roca, porque tú eres de las de tiempos indefinidos, de las de confiar en ti para siempre porque jamás serás arena.

La próxima vez, mi vida, te escribiré de la letra S.

Lo bueno si breve...(micro de 50 palabras)



A través de una invitación de María (poemasrecopiladosdemaria.blogspot.com), participo con este micro de sólo 50 palabras en un juego que, a su vez, le propusieron a ella Marina y Tomé desde (http://marinahm.blogspot.com.es y http://tarracoferma.blogspot.com.es/) respectivamente.

El tema consiste en escribir un micro de, sóooooooooooooolo, 50 palabras (cosa casi imposible para un cotorra como yo) inspirándote en lo que te sugiera la foto y publicarlo en todos los blogs participantes exactamente a las 22h.  del 15.11.12. Así que programado queda.

Y a mí me ha inspirado lo siguiente:

 
"Tras un forcejeo, conseguí la pistola, hice el primer disparo de mi vida y miré el fuego que salía.

A cámara lenta, seguí su trayectoria, mis ojos cambiaron fuego por sangre, la que salía del agujero que hizo la bala entre las cejas del desconocido que me acababa de violar".


50 justas ¿eh?, que no diga nadie que no sé contar.

¿Y si le llegan a poner refajo qué?









Yo confieso que de Francia me gusta casi todo, en especial los quesos, el vino (champagne incluido, claro) y cierta música, entre ellas y sobre todo la de Aznavour pero, de este, siempre me ha intrigado la traducción de la canción “La Bohème” porque una cosa es hacer una traducción libre y otra, y muy distinta, que cualquier parecido con la realidad sea pura coincidencia, a excepción de la música.

Para muestra, veremos el principio de la canción (tampoco es plan de agobiar con toda que es muy larga), lo que pongo a continuación es la letra original en francés, la traducción literal y la letra grabada en español:

Original: 

Je vous parle d'un temps
Que les moins de vingt ans
Ne peuvent pas connaître
Montmartre en ce temps-là
Accrochait ses lilas
Jusque sous nos fenêtres
Et si l'humble garni
Qui nous servait de nid
Ne payait pas de mine
C'est là qu'on s'est connu
Moi qui criait famine
Et toi qui posais nue 

Traducción literal:
Yo les hablo de un tiempo
Que los menores de veinte años
No pueden conocer
Montmartre en aquel tiempo
Colgaba sus lilas
Justo bajo nuestras ventanas
Y si bien el humilde cuartucho
Que nos servía de nido 
Tenía mal aspecto
Fue ahí donde nos conocimos
Yo, que "gritaba" hambriento
Y tú que posabas desnuda 

Versión española:

Bohemia de Paris
Alegre loca y gris
De un tiempo ya pasado
En donde un desván
Con traje de Cann
Posabas para mi 
Yo con devocion
Pintaba con pasion 
Tu cuerpo fatigado
Hasta el amanecer
A veces sin comer
Y siempre sin dormir

Como vemos, a la chica no solamente le ponen un cancán para que deje de estar desnuda sino que, además, le adjudican un cuerpo fatigado, así, por las buenas y sin necesidad, a no ser que lo hicieran para que rimara con el “pasado” de la tercera línea.

El caso y a lo que iba, es que yo pienso que, teniendo en cuenta que la canción fue grabada en 1966 (cuando se supone que, gracias a la Ley Fraga, se relajaba la censura y supuestamente, sólo supuestamente, se derogaba la Ley de Prensa redactada por José Antonio Jiménez Arnau a instancias del cuñadísimo Ramón Serrano Súñer) la muchacha de la canción tuvo suerte de que le pusieran solamente un cancán porque lo suyo, no nos engañemos, era que le hubieran puesto un refajo. 

Gracias podemos dar después de todo porque, teniendo en cuenta que Aznavour se confesaba en la canción sin oficio ni beneficio, le podían haber aplicado hasta la Ley de vagos y maleantes y habernos quedado sin conocer esta maravilla de canción.




Quid pro quo (hoy los enveneno o similares)



"Quid pro quo", locución latina que quiere decir que hoy me cargo a mi marido y a mi hijo, porque sí, porque se lo merecen por lo que me han hecho y dicho y va a ser difícil que se libren ¡faltaría más!.

Yo me había salido a la terraza, tan ricamente al sol, a subirle el bajo a una falda nueva de mi madre porque le gustaba un poco más corta. He estado a punto de entrarme cuando estaba a la mitad porque a las moscas (esa es otra) les ha dado por mí y me han puesto de los nervios revoloteando a mi alrededor, pero he aguantado estoicamente hasta el final y cuando, achicharrada por el sol y a punto de morderme hasta los muñones por las puñeteras moscas, he ido a entrar ohhhhhhhhhhhh, me he encontrado con la puerta cerrada por dentro y que no se puede abrir por fuera.

Al principio me lo he tomado bien y me he puesto a llamar y que si quieres arroz Catalina, no me abría nadie; total que entonces me he ido a la otra puerta y, a través de la cortina, he visto la cabeza de mi marido que sobresalía del sofá donde estaba tan a gusto viendo la carrera de Fernando Alonso (ruido este de las carreras de coches que, junto con el fútbol por la radio, es de lo más insufrible que conozco).

Vista su cabeza, me he puesto a aporrear esa puerta a ver si había más suerte que con la otra pero no, él a lo suyo, sin inmutarse y sin abrirme. Me he ido de nuevo a la otra puerta (aquí estaba la cortina descorrida y podía ver si venía alguno más) a aporrearla de nuevo hasta que, ¡POR FINNNNNN! Ha venido mi hijo desde el otro extremo de la casa y preguntando que qué era ese escándalo (escándalo porque también he gritado un poco, la verdad sea dicha).

El caso es que, cuando he conseguido entrar toda roja del sol y del cabreo, digo: “¿Se pueeeeeede saberrrrrrrrrrr quién me ha encerrado en la terraza?” y mi hijo dice: “a mí no me mires que yo no he sido” y mi marido dice: “pues igual he sido yo sin darme cuenta”.

Hasta ahí vale, me puede haber encerrado sin darse cuenta, pero lo bueno ha venido cuando le he preguntado: “¿y qué pasa, que no me oías llamar o qué? Y dice él con toda su parsimonia: “sí, claro que he oído golpes pero pensaba que estabas haciendo algún invento de los tuyos”.

Claro yo con eso me he disparado y le digo: “¿qué piensas que puedo estar haciendo aporreando los cristales?, ¿tal vez colgando un cuadro?” y él dice: “viniendo de tí, se me puede ocurrir cualquier cosa” y yo: “¿y gritar no me has oído?” y él: “sí, pero como tampoco es la primera vez que hablas sola...”.

Pero el tema no ha quedado ahí, no, porque entonces me he acordado de cuando mi hijo pequeño me encerró un sábado por la mañana en el lavadero y estuve por lo menos dos horas oyendo al mocoso muerto de risa y suplicándole que me abriera mientras el padre de la criatura estaba tan ricamente en el despacho sin enterarse de nada y, claro, me he alterado un pelín.

Y a continuación, para rematar la faena, me suelta mi hijo que es que yo tengo una habilidad especial para quedarme encerrada en los sitios y, acto seguido, me ha recordado una vez en un hotel de Barcelona que me quedé encerrada en el baño y ni el de mantenimiento podía abrirme y un poco más y tienen que arrancar la puerta para sacarme. Encierro este que, según el de mantenimiento y mi hijo, fue totalmente por mi culpa porque a saber lo que haría con el cerrojo para que la cerradura se desarmara de forma que era prácticamente imposible, vamos que no había visto el hombre cosa igual.

Total, que hoy se la cargan, ya pensaré cómo.

20 razones para una nieta

(Foto mía instantes antes de arrancar todas las flores del patio de la vecina)

 Razones por las que necesito una nieta:

1)Para malcriarla.

2) Para llevármela de compras.

3) Para ponerle lazos (preferentemente rosas).

4) Para pintarle las uñas.

5) Para jugar con muñecas.

6) Para tener una excusa para comprar una casa de muñecas.

7) Para dejarla que taconee con mis zapatos.

8) Para verla meter el dedo en la nocilla.

9) Para dejarle de herencia los libros que mis hijos no entienden (por la cosa de ser hombres).

10)  Para comprar unos delantales monísimos que he visto, uno de adulto y otro mini a juego absolutamente ideales.

11) Para hacer huevos fritos en forma de gatito, corazón, flores, etc. sin que me miren raro.

12) Para hacer pulpos con salchichas.

13) Para teñir la nata montada de colores y que no se me quejen de que la azul se pone verde al mezclarla con el café.

14) Para hacerle galletas de Hello Kitty, cupcakes con flores y demás repostería “femenina”.

15) Para comérmela a besos.

16) Para quedarme embobada mirándola.

17) Para enseñarla a dar volteretas.

18) Para dejarla que salte en los sofás y en las camas.

19) Para enseñarla a amar las plantas.

20) Para traspasarle mi amor por la cocina.

Pues, aun así, y que conste que no sigo por no aburrir, ellos siguen diciendo que nones, que si quiero una niña que la adopte. ¿Verdad que son crueles?.

¿Lenin es su ídolo?

Estas criaturitas, un grupo de las cuales han asaltado hoy un colegio de Salesianos de Mérida y, entre otras cosas y para demostrar los huevos que tienen y lo valientes que son, han irrumpido en una clase de niños de 3º de ESO, al grito de: "¿Dónde están los curas que los vamos a quemar?, se descalifican ellos solos, con sus actos y con sus pancartas y, para muestra, un botón:

(Foto tomada de Libertad Digital)

Como vemos en la pancarta de la derecha, ellos  manifiestan que no son ni de izquierdas ni de derechas, pero, oh casualidad:


(Foto tomada de Libertad Digital)


(Foto tomada de Libertad Digital)

(Foto tomada de Libertad Digital)


Se les habrán colado en su manifestación "apolítica" unos cuantos con bandera republicana y los muchachos/as, en su afán reivindicativo por la calidad de la enseñanza, pues ni se han dado cuenta del tema, porque a ellos, lo que realmente les interesa es lo que reza la siguiente pancarta:

(Foto tomada de Libertad Digital)



 Es decir, que les preocupa que viven en un país enfermo de ignorancia y ¿cómo no darles la razón a las criaturas, a tenor de la siguiente pancarta?:


(Foto tomada de Libertad Digital)



Me refiero a la roja de la derecha donde reza "No a la exclavitud". Yo, por supuesto, les doy la razón a lo de vivir en un país enfermo de ignorancia, que manda narices que en una huelga en "defensa" de la educación, promovida y consentida por estudiantes, profesores y hasta la CEAPA no exista nadie con las luces suficientes para saber que no es exclavitud sino ESCLAVITUD.

Aunque si alguien, a quien se le supone con el conocimiento y el sano juicio suficiente y alguna lección de historia en su haber, se exhibe en una manifestación (totalmente apolítica, eh, no desvariemos) con una pancarta del "Padrecito Lenin", ese "demócrata" donde los hubiere, "ejemplo" a seguir por toda aquella persona que se precie, ese gran hombre que, entre otras lindezas, provocó una terrible hambruna en su propio pueblo que les indujo al canibalismo. Lenin, esa maravilla de hombre que mandaba a ejecutar a los huelguistas sin ningún empacho, el mismo que se cargaba a un religioso que a un campesino según le pillara el cuerpo o la circunstancia, ese, parecer ser el ideal de nuestros jóvenes manifestantes, al menos de los que portan su asquerosa bandera, a ese alguien, insisto, no se le puede tomar en serio ninguna reivindicación, por lógica y justa que fuere.



(Foto tomada de Libertad Digital)


La suerte de esto es que, cuando agredan a la policía (que todo se andará) y alguno resulte detenido y/ o herido (aunque ojalá que no), afortunadamente para ellos aquí no Gobierna un Lenin.

500.000 visitas y nuestra modesta invitación

 Narraba Shakespeare en “El sueño de una noche de verano” que Oberón, rey de las hadas, hizo un hechizo con jugo de flores de pensamientos que, vertido en los párpados de algún durmiente, haría que se enamorara de la primera persona a la que viera al despertar.

Yo, que nunca he creído en hechizos, empiezo a pensar que igual los pensamientos sí que tienen algo mágico, porque este blog, cuyo nombre y fondo están plagados de ellos, ha alcanzado en casi dos años y medio la cantidad de 500.000 visitas, de 138 países distintos. Así que, teniendo en cuenta lo modesto y lo ecléctico de nuestros escritos, voy a tener que pensar que son los pensamientos quienes atraen a los lectores.

En cualquier caso, quiero hoy daros mis más encarecidas gracias a todos los lectores y, muy especialmente, a quienes os molestáis en comentar a pesar de que yo llevo unos meses casi fuera de juego y, aunque os leo, no os puedo corresponder con mis comentarios en vuestros respectivos blogs.

Y, para celebrar lo de las 500.000 visitas, permitidme esta pequeña invitación, una dulce y una salada. Las fotos, por supuesto, son rematadamente malas pero no puede una hacerlo todo bien, digo yo.

Como veréis, la tarta es mini, porque es una bomba de calorías; todo en ella (excepto las florecitas) es de sabor a anís, desde el bizcocho hasta la nata (aunque la he teñido en violeta para que haga juego con el fondo del blog) pasando por el almíbar de bañar el bizcocho y terminando por la crema pastelera de la que va rellena. Confieso que mi primera idea fue adornar la tarta con pensamientos de chocolate, en concreto con 5, uno por cada 100.000 visitas, pero después pensé: “¿y si nos comemos los pensamientos y nos dejan de fluir?”, así que, en su lugar, he optado por esas florecitas que también son comestibles.

Luego, pensando en que hay lectores diabéticos (como Arturo, siempre tan amable) y no podrían probarla, he hecho estos saladitos de hojaldre. Los hay de anchoas, jamón, bacon, queso y salmón ahumado, así que tenéis que probar al menos uno de cada. Además, aprovechando la “magia” del mundo virtual, habrá para todos y no se acabarán nunca y, lo más importante, que no engordan.

Y para terminar, y ya muy seria, gracias, muchas gracias a todos, de todo corazón.



LA RECUPERACIÓN ECONOMICA


Foto tomada de la red. Si el propietario no considera conveniente su uso la retiraré de inmediato.




Es mucho lo que se habla en estos días de los recortes salariales y personales. Diariamente hay manifestaciones y revueltas en contra del gobierno. Todos los días la prensa escrita, tertulianos en radio y TV. nos llenan todo nuestro tiempo hablándonos de la crisis económica y sus consecuencias, como si no supiéramos cuales son las consecuencias. 

Yo, sinceramente, estoy casando de oírlos y he optado por no leerlos más ni escucharlos. La razón es sencilla: ninguno aporta una solución real. Nos hablan de macro-economía como si fuéramos tan tontos que no sabemos decir cuantas son 2 mas dos, y todos sabemos que si yo gano dos no me puedo gastar cuatro. 

Yo voy a intentarlo hacer mas sencillo, es como si viviéramos en una comunidad de vecinos. Uno de los vecinos ricos es un malgastador siempre va presumiendo de dinero, de ropa de marca, de comer en los mejores restaurantes y de tener el mejor coche pero, curiosamente, le debe a todo el mundo.

 Hay también algunos vecinos en el edificio que son pobres, pero les atraía el estilo de vida del vecino rico, así que se endeudaron innecesariamente y ahora están sufriendo para poder pagar todas sus deudas, ya ni los bancos les conceden un crédito. 

 Entre tanto, el padre de la familia más pobre del edificio acaba de permitirse el lujo de celebrar un espléndido banquete para sus amiguetes, a pesar de que varios de sus hijos están pasando hambre. 

 De vez en cuando, se celebran reuniones de vecinos para hablar de los problemas de la comunidad, el presidente le recuerda a la familia rica que deben ya más de 6 cuotas; como es normal, la familia rica se siente ofendida y amenaza con airear los trapos sucios de todos los vecinos. Como consecuencia, aumenta la tensión entre la familia rica y las pobres. Es obvio que hay algo en la manera de administrar la comunidad que falla desde sus origenes. 

 Se mira la recuperación económica sin pensar primero que tiene que haber antes otra recuperación, sí me refiero a la recuperación moral, de esa que nadie habla. Mientras exista el egoísmo, la avaricia y los celos, jamás podremos solucionar todos nuestros problemas.

Peladillas para la ardilla

Estaba a mediodía esperando que se hiciera la hora de comer y, de pronto, he oído mucho cante flamenco y un ruido que no identificaba. Total que, por puro cotilleo, he salido a la terraza y me he puesto a mirar a la calle.

Los del cante flamenco eran un montón de gitanos que, a tenor de la vestimenta, venían de una boda e iban a algún salón de celebraciones. Lo del ruido eran peladillas (impensable una boda gitana sin ellas) que los niños se han dedicado a tirarle a una ardilla que han localizado en uno de los árboles de la calle y, al caer al suelo, digamos que “eclosianaban”, cual si de un huevo se tratara, y se separaba la almendra del azúcar.

La ardilla, por supuesto, se ha hecho fuerte en lo más alto del árbol y ha dicho que nones, que no bajaba, que ya recogería ella las peladillas cuando le diera la gana. De tonta no tiene un pelo el bicho en cuestión y de tímida tampoco, porque se pasea por los coches aparcados cuando a ella le viene bien como Pedro por su casa y, con buen criterio, habrá pensado que unos 15 niños juntos armados con peladillas son demasiados para jugar con ellos.

Ellas iban todas estupendas, excesivas pero estupendas, con mucho encaje, mucho adorno en el pelo, mucho chal llamativo, etc., pero cada cual tiene su concepto de la elegancia y a nadie le importa (pienso yo) la del vecino. Lo de ellos me ha resultado de lo más raro, primero porque sólo he visto a uno con traje y segundo porque todos, absolutamente todos, llevaban camisa rosa. Eso tiene, sin duda, algún significado del que pienso enterarme próximamente, vamos en cuando vaya al mercado y pegue la hebra con Joaquina, una conocida mía gitana a la que le compro los ajos de toda la vida.

En realidad, aunque ya me han dicho en casa que es mi penúltima chalaura y que a Joaquina no debe quedarle ningún hijo sin casar, lo que voy a hacer es pedirle que me invite a la boda de uno de sus hijos (o, en su defecto, nieto/a), porque sí, porque tengo yo ganas de empaparme de ese rito tan ancestral, de ver como funciona la cosa del pañuelo de la virginidad, de hincharme a peladillas y, en resumen, de experimentar una cosa nueva. Lo de los tres días de festejos no tengo el cuerpo para aguantarlo, pero puedo ir un rato cada día.

Por parte de Joaquina no creo que haya ningún problema para invitarme, porque es un encanto de mujer que hasta me mantiene al día de todos los hechos significativos de su prole y, por la de “su Antonio” supongo que tampoco, aunque seguro que igual se acuerda de cuando le dije machista y otras cuantas lindezas más porque no la dejaba a ella ni ir a la escuela de adultos a aprender a leer ni ponerse pantalones y pasaba mucho frío en invierno. Recuerdo que me lo pasé genial ese día, yo argumentando todos los derechos de Joaquina que él pisoteaba y él, no dando crédito a lo que estaba pasando, exhibiendo sus razones cada vez menos convencido hasta que, supongo que por aburrimiento y porque me callara de una vez, me terminó dando la razón.

En realidad, no creo que “El Antonio” me guarde rencor por aquello porque, cada vez que tengo que ir a la Iglesia que hay cerca de su casa, dejo el coche en su puerta y, aprovechando que siempre hay alguno de su familia en la calle, les digo: “vigiladme el coche y que no me lo toque nadie eh” y, jamás me lo ha tocado nadie, de hecho sé que lo defenderían con uñas y dientes si hiciera falta y que no podría aparcar en otro sitio más seguro.

Miguelito, te voy a...


Te miro, fija y descaradamente,
diciendo bajito, en un tono impío:
"¿Eh, chaval, tú sabes que eres mío?”.
Ávida, inquieta, amorosamente,

y..., descontrolada, saco mi lengua,
sé con certeza que voy a comerte
pero, antes, me apetece lamerte,
suavemente, mas sin darte tregua,

suspiro, embriagada por tu sabor,
a punto ya de perder cualquier control,
con las mejillas teñidas de rubor,

muy consciente de lo que te voy a hacer,
abro la boca, jadeante, y ohhhhh...
te muerdo “Miguelito”. Diossssssssss qué placer.



Y ahora, os presento a "Miguelito":



Lo del cuchillo y el tenedor es nada más que para disimular, me los he comido con la mano y haciéndoles todo eso que digo en el soneto.


Por si alguien no lo sabe, los “Miguelitos” son unos dulces típicos de La Roda (Albacete) y se llaman así porque un tal Miguel (amigo del pastelero) fue el primero que los probó. Como son unos de mis dulces favoritos y, aprovechando que fui diabética por error y que ahora soy hipoglucémica crónica (hasta que me den con lo que la causa) y puedo comer azúcar, esta mañana he hecho unos cuantos (40 me han salido) y llevo todo el día de “experiencia religiosa” con ellos. Aunque es una cosa muy simple, hojaldre relleno de crema pastelera, os dejo la receta por si alguien no la sabe y quiere hacerla.

Ingredientes:

1) Una o dos planchas de hojaldre (fresco o congelado). Con una plancha de 250 grs. salen unos 20.

2) Para la crema que, en esta ocasión, he hecho de avellanas:

- De 100 a 120 grs. de harina ( dependiendo de lo espesa que la queramos, a mí me gusta muy espesa y le pongo 80 grs. de maizena y 40 grs. de harina de trigo.

- 2 cucharaditas de levadura Royal

- 2 cucharaditas de azúcar vainillada o vainilla líquida.

- 1 l. de leche (yo la pongo semi).

- 150 a 200 grs. de azúcar (según nos guste de dulce).

- 5 a 6 yemas de huevo (según tamaño).

- De 50 a 100 grs. de avellanas molidas (según nos guste).

- 1 Corteza de limón o naranja (procurando que no lleve el blanco interior porque amarga)

- 1 rama de canela (opcional). Yo la pongo si hago la crema sin frutos secos.

(Con esta cantidad sobra crema, pero esa es otra historia porque ya puestos a hacer...).

3) Para espolvorear:

Azúcar glas (no hace falta comprar, sobra con moler el azúcar cristalizado que usamos habitualmente con la picadora o el molinillo del café).


Preparación:


1) El hojaldre:

Simplemente lo partimos en rectángulos, lo ponemos en una bandeja de horno (separados entre sí) sobre una lámina de Teflón, papel de horno o silicona y lo metemos al horno a la temperatura y tiempo que indique en el envase. Importante precalentar el horno previamente para que suba bien. Mientras se hace, preparamos la crema.

2)  La crema:

Mezclamos en un bol las dos harinas y la levadura y reservamos.

Ponemos en otro bol las yemas con el azúcar y la vainilla y batimos con las varillas hasta que empiecen a blanquear.

Ponemos la leche al fuego con la corteza de limón o naranja y la canela en rama.

Incorporamos a las yemas con azúcar la mezcla de harinas y la levadura y las avellanas y batimos un poco más hasta que quede una mezcla homogénea.

En cuanto empiece a hervir la leche, sacamos la piel de limón o naranja y la rama de canela e incorporamos la mezcla anterior y batimos sin parar con las varillas hasta que empiece a hervir de nuevo (lo hace en menos de dos minutos, por lo que no hay que distraerse y dejar de batir porque se nos quemaría).

Dejamos enfriar.

3) Relleno:

Partimos horizontalmente por la mitad cada rectángulo de hojaldre, rellenamos la parte inferior con la cantidad de crema que queramos y tapamos con la parte superior.

Espolvoreamos con azúcar glas.


Y digo que, con la cosa de la crisis, no vamos a desperdiciar las claras, así que...

Una reflexión

Hoy, sinceramente, no tengo ganas de hablar ni de escribir sobre trivialidades (hace tiempo que no las tengo).

Si habéis ojeado por algún rincón, habréis leído que soy de Granada. Aquí hay una plataforma de amistad al pueblo sirio, de la que no formo parte porque nunca tengo tiempo. En ella hay amigos míos que, siempre que he necesitado que me echen una mano, me han ayudado sin reparos.

Hoy, me avergüenzo de no haber ido a ninguna de sus manifestaciones, a pesar de que más de una vez me lo pidieron. Que si el cansancio, que si la hora, que si bla, bla, bla. Ellos nunca me han puesto excusas para venir a ayudarme cuando los he necesitado y hoy, avergonzada, entono el "mea culpa". Escribo esto aquí porque sé que mucha gente me lee.

Sé  que  todos, de alguna  manera,  terminamos  siendo indiferentes ante  las  desgracias  ajenas.   Es muy fácil decir "qué triste" y, a  renglón  seguido,  dejar  una  carcajada  en  el  comentario  siguiente.
¿ Podemos, por un segundo, leer lo que tenemos que decir y tomarnos a los demás aunque sea por un instante un poquito en serio?. Igual nadie deje un comentario en esta publicación, pero es lo de menos. Lo que me importa es, que de algún modo, os llegue. Perdonad si hoy no me río, pero mis amigos se merecen mi respeto y mi apoyo, aunque sea un momento.

PlataformaSiriaEnGranada

¿Se habrá muerto de pena?

-->

Vuelvo después de una semanita en el hospital, donde (por mi bien) me han hecho todas las perrerías que se les ha ocurrido y parezco un colador de tanto pinchazo y, como allí ni tenía ganas de ver la tele ni de leer periódicos, me digo a mí misma: “enciende el ordenador y ponte al día de la prima de riesgo, de los incendios, del paro y demás gaitas”.


Y dicho y sin hecho, dicho porque encenderlo lo he encendíido, y sin hecho porque en ese ordenador no he visto nada, me lo dejé muy sano el domingo y hoy había fallecido el pobre; así, por las buenas, se encendía pero con la pantalla negra, vamos que le faltaba poner un R.I.P.


Total que he encendido el de sobremesa, me he metido al correo y ¡ohhhhhhhhhhhh casualidad!, tenía un correo con una oferta maravillosísima del Corty de estas que sólo son vía internet y válidas por 48 horas y había un portátil monísimo y muy bien de precio diciéndome: “comprameeeeeeeeeeee, comprameeeeeeeeeee”. Y yo, por no hacerle el feo, pues me lo he comprado y me lo traen el martes, así que mañana y pasado me puedo olvidar de salirme con el ordenador a la terraza, más que nada por no sacarme hasta el escritorio, pero el martes estreno.

Aunque luego, teniendo en cuenta que el ordenador fallecido gozaba de perfecta salud antes de irme me ha dado por pensar y digo: “¿se habrá muerto el pobrecito de pena por mi ausencia, porque me echaba mucho de menos?”.


Supongo que nunca lo sabré, o igual sí porque, cuando lo desarme y le saque el disco duro para copiar la información en un disco externo, me puedo encontrar con un mensaje del tipo: “me acabo de morir por no tenerte" o algo así. Sería la leche, por cierto, a la par que inquietante.



Su jaula y la mía


Esta mañana, como siempre, me he levantado muy temprano, alrededor de las 6,30, demasiado pronto para quien no tiene casi nada que hacer, con el agravante de que hoy no tenía el recurso de meterme a la cocina y hacer un montón de comida.

Y digo no lo tenía porque, a raíz de un episodio de hipoglucemia muy grave que tuve ayer, ambulancia y hospital incluidos porque me quedé con 10mg. de glucosa, en casa me lo han prohibido todo y se han puesto conmigo en plan dictatorial y no me dejan hacer nada, ni siquiera cocinar, argumentando que me puede bajar la glucemia por un exceso de actividad.

El caso es que a las 7,30 yo ya estaba desayunada, duchada y arreglada y con todo el día por delante y sin nada, excepto ir al médico, por hacer y me he salido a la terraza a pintarme las uñas.

Mientras lo hacía, pensaba en lo bonitas que están las plantas, en lo delicado de ese macetero vintage pintado a mano y en lo absolutamente ideal que le queda la planta que le puse porque sus hojas son exactamente del mismo violeta que las florecitas que lleva pintadas el macetero. Pensaba en lo bien que queda, al menos para mí, lo ecléctico de la decoración que puse en la terraza, ese macetero encima de un mueble bar mejicano, conviviendo con el farolito de forja y el otro marroquí de piel; con los dos cuadros tipo provenzal francés encima, de los que estoy muy orgullosa porque los compré baratísimos, colocados sobre el ladrillo visto en lugar de sobre pared; en los mueblecitos con cajones de enfrente, de forja, madera y mimbre, tan diferentes del otro pero con un bonito contraste. Pensaba en la suerte o la casualidad de haber encontrado una cesta de forja que uso de macetero con la misma floritura que llevan las sillas y la mesa, cada cosa comprada por un lado y, sin embargo, con el aparente destino de encontrarse y, de pronto, he fijado mi vista en el canario.

El canario estaba en un extremo de la mesa y, sin palabras, le he hablado de lo similares que, ahora mismo y salvando las distancias, son su vida y la mía. La única diferencia es que su jaula es más pequeña y que no la ha elegido él, pero yo también tengo jaula, bonita y decorada como me gusta, pero es mi jaula, mi casa es mi jaula y, al paso que voy, pronto estaré envuelta en algodón para que nada me roce, para que nada me afecte y para que nada me haga daño.

Lo hacen porque me quieren, no cabe duda alguna, pero me siento sobreprotegida y me asfixio porque yo, a diferencia del canario que nunca ha conocido más que su jaula, sí he conocido la libertad, la que te da tener suficiente salud para ser completamente autónoma.

Lo que Cecilia quería decir



El otro día, a raíz de un poema de nuestra amiga Lola sobre la infidelidad, le dejé un comentario en el que aludía a la canción “Un ramito de violetas”, de Cecilia.

Y me ha dado por pensar en la canción y en la cantidad de incongruencias que en ella se dicen, sobre todo por la afirmación que hace, de entrada, indicando que ella era feliz aunque su marido era el mismo demonio.

Pero no, se ponga como se ponga (se pusiera en realidad porque ya falleció) la del ramito de violetas no era feliz, vamos ni de coña y, aunque la canción dijera eso:

“Era feliz en su matrimonio
Aunque su marido era el mismo demonio
Tenía el hombre un poco de mal genio
Y ella se quejaba de que nunca fue tierno
Desde hace ya más de tres años
Recibe cartas de un extraño
Cartas llenas de poesía
Que le han devuelto la alegría
Quien la escribía versos dime quien era
Quien la mandaba flores por primavera
Quien cada nueve de noviembre
Como siempre sin tarjeta
La mandaba un ramito de violetas
A veces sueña y se imagina
Cómo será aquel que tanto la estima
Sería un hombre más bien de pelo cano
Sonrisa abierta y ternura en las manos
No sabe quien sufre en silencio
Quien puede ser su amor secreto
Y vive así de día en día
Con la ilusión de ser querida
Quien la escribía versos dime era
Quien la mandaba flores por primavera
Quien cada nueve de noviembre
Como siempre sin tarjeta
La mandaba un ramito de violetas
Y cada tarde al volver su esposo
Cansado del trabajo la mira de reojo
No dice nada porque lo sabe todo
Sabe que es feliz, así de cualquier modo
Porque él es quién le escribe versos
Él, su amante, su amor secreto
Y ella que no sabe nada
Mira a su marido y luego calla 
Quien la escribía versos dime quien era
Quien la mandaba flores por primavera
Quien cada nueve de noviembre
Como siempre sin tarjeta
La mandaba un ramito de violetas”

Lo que, en realidad, quería decir era esto:

"Uno es el de que “hasta que la muerte os separe”
el otro es con el querría vivir lo que les quede de vida
uno es el que le señala sus defectos
el otro es al que siempre le parece perfecta
uno es el que lo da todo por sentado
el otro es que se la gana día a día
uno es el que se lo da todo
el otro es el que apenas puede darle nada
uno es el que ya apenas la acaricia
el otro es el que, de poder, le desgastaría la piel
uno es el que piensa que ya no necesita mimos
el otro es el que la trata como a su princesa
uno es al que le dio toda su juventud
el otro es al que apenas tiene nada que ofrecerle
uno es al que impacienta por casi todo
el otro es el que jamás se cansa de escucharla
uno es el que le pone los pies en la tierra
el otro es el que volaría con ella sin descanso
uno es el que vive con ella
el otro es el que daría la vuelta al mundo para buscarla
uno es su realidad
el otro es su mejor sueño
uno es el que hace mucho que dejó de cantarle
el otro es que cada día descubre una nueva canción para los dos
uno es al que quiere y respeta
el otro es al que ama con locura
uno es con el que va a los actos oficiales
el otro es con el que se iría al fin del mundo
uno es al que quiere su familia
el otro es el que siempre le reprocharían
uno es el que ni se fija en su nuevo corte de pelo
el otro es el que le nota un mechón fuera de sitio
uno es la seguridad
el otro es la aventura que quiere vivir
uno es el de los besos tibios
el otro es el que le hace arder por dentro
uno es el que cree conocerla
el otro es el que realmente la conoce
uno es el que apenas la mira
el otro es el que se la comería con los ojos
uno es el que le pregunta en qué piensa
el otro es el que lo sabe hasta sin mirarla
uno es el que la hace llorar
el otro es el que se bebe sus lágrimas."


Y no sigo porque, con mi incontinencia verbal, tengo narices a llenar la página, pero estoy convencida de que hay muchas mujeres con “ramito de violetas”.

¿Me estaré volviendo blanda?



Estoy preocupada, ¿qué digo preocupada?, más bien me doy miedo, porque tengo la impresión de que me estoy volviendo blanda, y es que a ver de qué otra forma se le puede llamar el que hoy le haya perdonado la vida a un abejorro enorme, el otro día a una salamanquesa y que no haya matado ninguna mosca este verano ni, (todavía porque esto no lo descarto), comprado una escopeta de perdigones para cargarme a las palomas que me ponen la pérgola perdida.

Al abejorro lo he descubierto sobre la 1 del mediodía, tumbado boca arriba en el suelo de la terraza pequeña como intentando darse la vuelta. Lo primero que he hecho ha sido decírselo a mi hijo y me ha contestado: “no me extraña, lleva toda la mañana ahí de flor en flor, se habrá dado tal atracón que no puede ni moverse y estará tumbado haciendo la digestión”.

 La verdad es que, en un primer momento, he pensado lo de siempre: “quitarme la sandalia, arrearle y luego deshacerme del cadaver y limpiar los restos” pero, después, he considerado que igual había venido aquí a comer porque tendría criaturas que alimentar, que leí el otro día no sé donde que había pocas abejas y, nos gusten o no, son necesarias para polinizar y claro, con todo eso, pues me ha dado pena darle matarile y he cogido dos papeles, con uno lo he puesto sobre otro y lo he echado a la calle (todo esto mientras le decía por lo bajini: “tú pícame y te juro que le pego fuego a una colmena entera”). El caso es que ha echado a volar y se ha ido a un árbol de enfrente tan ricamente, esperemos que no vuelva y me pique por fastidiarle la siesta.

A la salamanquesa la descubrí regando las plantas en la terraza grande manguera en mano. A esta confieso que pensé liquidarla al instante pero como me pongo unas chanclas de goma para regar y llevaba unas de las pijas (esto es cosa de mi hijo que, como casi todos los hombres, no entienden y dice que tengo chanclas pijas y chanclas de princesita y bla, bla, bla) no le arreé por si, con el golpe, se caía alguna de las perlitas que llevan y tenía que coger un disgusto.

Entonces pasé al plan B, es decir, a mojarla para que se ahogara o se fuera pero la muy puñetera me buscaba la vuelta y se metía por detrás de todas las macetas. Yo venga a darle más presión al agua y ella corriendo que se las pelaba escondiéndose. Me tuvo en jaque 3 días pero conseguí ducharla a presión y oye, mano de santo, al cuarto día ya no estaba e imagino que emigró a la terraza del vecino a ver si había suerte. Por si acaso, por las noches riego hasta las paredes con el difusor para que estén fresquitas y no tenga la tentación de arrimarse a las puertas de los dormitorios, pero hace ya como 15 días que no la veo.

Lo de las palomas me lo estoy pensando porque, si bien me quejaba de los tordos que me traen huesos de oliva en temporada, aquello no es nada comparado con los “regalitos” que me dejan las palomas en la pérgola. Así que, como se me crucen los cables, me compro una escopeta de perdigones y las voy metiendo al congelador para hacer caldos este invierno o las hago en escabeche y les digo a estos que son codornices rollizas, total igual están buenas.

"Cosecha" de 1851



En esta era que, culinariamente hablando, podríamos llamar “no sin mi Termomix que me da algo”, yo, que para algunas cosas (la cocina incluida) soy muy tradicional y muy de fuego lento, hago muchos helados y dulces con recetas antiguas, de las llamadas “de toda la vida”.

Como podéis ver por la fecha, esto es una receta de 1.851. El libro viene de la bisabuela o la tatarabuela, no lo tengo claro, y como aquí no hemos tenido ningún antepasado pastelero, imagino que igual en aquella época cuando una señorita entraba en capilla (qué mono me ha quedado lo de entrar en capilla, jaja) le compraban algún libro de pastelería para hacer cositas y quedar bien con las visitas.

El caso es que el libro es una mina, yo he hecho muchas de sus recetas y son para chuparse los dedos (ahora ya no me puedo chupar nada por la cosa de la diabetes, pero los demás no tienen la culpa). Pero, como alguna pega tenía que tener el libro, antes de ponerte a hacer una receta hay que “traducirlo”, así que allá va la “traducción” y equivalencias de lo que veis arriba escaneado y vamos a hacer helado de mantecado:

Ingredientes:

-6 yemas de huevo

- 2 litros de leche de cabra (1 porrón son 95cl.). Aquí tenemos la pega de que ya no hay cabras en las casas, costumbre muy tonta que hemos cogido lo de no tenerla porque mi padre contaba que mi abuela tenía una para el suministro de leche de la casa y se lo pasaban bomba los niños huyendo de ella porque, al parecer, las cabras tienen poco aguante para las bromas. Pero, claro, antes la gente vivía en un cacho de casa con su corral y todo y ahora vivimos en comunidad y con vecinos puntillosos que igual te miran a la cabra con malos ojos y se le corta la leche.

La leche de cabra que venden envasada no se parece, ni por asomo, a la que sale de la cabra, lo sé porque tengo una amiga que tiene una ganadería y, de vez en cuando, nos regala leche a las amigas y te sale un arroz con leche con eso que te puedes morir de bueno, incluso hay que rebajarla con agua de tan espesa como es. Como ya, per se, la leche de cabra es más grasa que la de vaca, lo que yo hago es poner 1,6 litros de leche semidesnatada de vaca y dos bricks de 200cl. De nata y así, más o menos, “recreamos” la leche de 1.851.

- 225 gramos de azúcar (1 libra son 454 grs.)

- 2 palitos de canela en rama ( 1 adarme son 1,79 grs.)

- 2 trozos de piel de limón (esto son los luquetes), procurando que lleve lo mínimo del blanco interior para que no amargue.

(Con estas cantidades sale un mogollón de helado, así que se pueden reducir a nuestro gusto o necesidad).

Preparación:

-Rompemos las yemas en una olla (esto es lo de desatar).

-Echamos la leche y la mezclamos con las yemas.

- Añadimos el azúcar y removemos.

- Añadimos la canela en rama y la piel del limón.

- Ponemos al fuego, sin dejar de remover hasta que veamos que la mezcla se espesa (yo lo pongo primero fuerte y, en cuanto empieza a hervir, lo bajo al 3).

- Apartamos del fuego y sacamos la canela y la piel del limón rápidamente (esto es lo de incontinenti, que más que rápidamente parece que esté anunciando las compresas esas de las señoras mayores).

- Pasamos a un recipiente apto para el congelador y removemos de vez en cuando mientras se enfría.

Congelado:

Antes se hacían los helados con una máquina que llevaba una camisa (digo camisa como la que puede llevar el pistón de un coche, no de ropa) donde se ponía hielo con sal y dentro un recipiente donde se ponía la mezcla a helar y una manivela y dale que te pego al brazo.

Ahora tenemos el congelador y una pega, que se nos puede cristalizar el helado y no quedarse cremoso, así que el único truco para que se haga crema es sacarlo cada 45 minutos a 1 hora (depende de la temperatura a la que lo tengamos) y meterle la batidora para romper los cristales de hielo que se van formando. Yo lo hago 3 veces y os garantizo que se queda perfecto el helado.

También está muy de moda utilizar azúcar invertido (que procede de dividir la sacarosa que contiene el azúcar en fructosa y glucosa) porque cristaliza menos, incluso lo hacen de forma casera utilizando un gasificante de pastelería, que en realidad es un compuesto de ácidos málico y tartárico, cosa perfectamente comestible y que no es más que lo que nuestras abuelas llamaban "la papeleta blanca y la papeleta azul de hacer los bizcochos", pero que yo no uso porque me imagino al azúcar haciendo lo que, en vinos, se llama la fermentación maloláctica y, honradamente, no le veo la necesidad pudiendo usar la batidora.

Y como he utilizado seis yemas, ahora resulta que tengo seis claras ahí desconsoladas en el frigorífico y algo habrá que hacer con ellas, aparte de leche merengada que es el recurso más fácil. Ya veremos. 

P.D. Ya mañana, cuando nos lo comamos (yo sólo probarlo) pondré una foto del helado que ahora lo tengo a medias.

Seis años sin tí





Hoy hace seis años, seis largos años que te fuiste, Papá. Al principio estaba contenta de que te marcharas, tú lo sabes, porque significaba que le habías dado jaque mate al Alemán y ya no te iba a jorobar más. Tu muerte fue tu libertad, tu dejar de sufrir.

Pero ahora, cada año que pasa, te necesito más y más y no soporto tu ausencia. Tengo cosas que contarte, cosas que consultarte, secretos que confiarte y consejos que pedirte. Tienes que consolarme de muchas cosas y reírte conmigo de otras; pero tú no estás, ni estás ni sé cuando te voy a volver a ver y hoy...hoy sencillamente no aguanto no tenerte.

Quiero que vuelvas, ser de nuevo tu niña y que seas mi cómplice, empezar de nuevo y sentarme de nuevo en tus rodillas, quiero que me enseñes de nuevo a conducir con un cojín en la espalda por no llegar a los pedales, que me enseñes esas cosas que eran impropias enseñarle a un hija, como cambiarle el aceite al coche, usar el taladro o saber reconocer de una ojeada una llave de una medida concreta.

Quiero llamarte para cambiar muebles de sitio sabiendo que tú no me vas a decir que estoy loca, que soy caprichosa o que si quiero cambiar algo que contrate a alguien.

Quiero que nos vayamos de compras o a tomar algo, que me digas que hago el mejor arroz con leche del mundo y que me riñas por trabajar tanto. Aunque ahora eso no podrías hacerlo, ya no puedo trabajar y eso, junto con tu marcha, es uno de los palos más grandes que me ha dado la vida.

Te necesito, Papá, porque te quiero y porque nadie, nunca, me ha entendido como tú.


Cuando los preñaos son ellos...



Lo del título no es ninguna reivindicación feminista, es que, un poco retorcida como soy, he aprovechado aquello que se les decía a los hombres cuando se quejaban de algún dolor de: “como tuvieran que parir ellos, se acababa el mundo” y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, lo he puesto como título.

Porque hoy, os habréis dado cuenta, vengo otra vez de “cocinitas”, cosa por la que pido disculpas si alguien esperaba otra cosa, pero los que me conocéis ya sabéis que yo soy de manías, tanto que estuve una vez escribiendo durante más de dos meses de manzanas, y entonces escribía todos los días.

Pero, entrando en materia y como habréis visto por la foto, hoy la cosa va de “bollos preñaos” que, aunque sean algo típicamente asturiano y yo sea de Murcia, no veo ningún motivo para no poder hacerlos aquí. Así que, aunque hay variantes (con leche o sin leche, con mantequilla o sin ella, etc.), os paso la receta de como los hago yo:

Ingredientes para la masa:

1 kg. De harina, preferentemente de la llamada de fuerza, aunque se puede hacer con otra si no tienes (estos están hechos con harina de trigo normal).

3 cucharadas de aceite de oliva.

2 sobres de levadura de panadería Maizena (yo uso esta porque es más cómoda pero se puede hacer con la levadura prensada de toda la vida, en ese caso, poner unos 50 o 60 grs. o con masa madre, para lo cual deberíamos guardar un trozo de masa para la próxima).

2 huevos

3 a 4 cucharaditas de sal (según nos guste)

½ l. aproximadamente de agua. Yo suelo poner de entrada 400 ml. y después añadir, poco a poco, si hace falta.

Ingredientes para el relleno:

Lo tradicional es chorizo asturiano, pero se puede hacer con cualquier chorizo de sarta o choricitos pequeños (eso sí, que sean lo más tiernos posibles), chistorra o cualquier otra cosa que nos guste, desde salchichas (si son frankfurt tal cual y, si son de carnicería, freírlas previamente) hasta atún, pasando por patés, olivas (quitándole el hueso antes), etc.

1 huevo batido


Preparación:

Mezclamos todos los ingredientes de la masa (yo lo hago en un bol grande de acero inoxidable) y amasamos bien (a mano o a máquina) hasta que la masa se nos despegue de las manos. Vale que, de hacerlo a mano, hay un momento en que dices: “que no puedooooooo, que esto no funcionaaaaaaa y no se despega de las manos ni a tiros” (este momento suele coincidir cuando te llaman por teléfono o tocan al timbre), pero sólo es cuestión de seguir amasando y llega un momento en que se obra el milagro.

Tapamos la masa con un paño de cocina y la dejamos que duplique su tamaño. En verano esto va perfecto pero en invierno se pone la cosa chunga con el frío, lo que hago entonces es poner la vitro al 1 en un fuego pequeño y pongo el bol encima, o también puede ponerse cerca de un radiador, como el ratón de Susanita (ahora lo leerá alguien que no conozca la canción y dirá: “a esta se le ha terminado de ir la cabeza”).

Aproximadamente una hora después la masa habrá doblado su volumen, entonces volvemos a amasar durante unos minutos y hacemos rollos de unos 3cm. De diámetro (me gustaría saber cómo poner diámetro con el símbolo con el procesador este, grrrrrr.).

Mientras sube la masa, cortamos el chorizo y lo demás que pensemos ponerle.

Cortamos porciones del rollo de masa de unos 2 cm., estiramos (yo lo hago con la mano, no hace falta rodillo para esto), introducimos dentro el chorizo o el otro ingrediente cuidando de que quede cubierto de masa y bien cerrado y lo ponemos boca abajo en la bandeja del horno (para que se vea lo más mono arriba), dejando unos centímetros de distancia entre uno y otro porque vuelven a crecer.

Una vez todos preparados, mojamos un paño de cocina, cubrimos los bollos con él y lo dejamos que vuelvan a crecer, más o menos 1/2 hora (la levadura Maizena es rápida).

Pintamos los bollos con el huevo batido y una brocha de silicona y los metemos al horno que hemos precalentado previamente a 220º durante 10 minutos y luego lo bajamos a 180º durante otros veinte minutos aproximadamente (esto, como siempre, depende del horno, por lo que hay que estar vigilando a partir de los 20 minutos, es decir, ponerse delante del horno con el abanico a decir: “¿y por qué no lo haré yo esto sólo en invierno?”). Yo los pongo en la parte de abajo, con calor arriba y abajo.

Con las cantidades que he puesto salen un montón, aproximadamente 56 (los hago de diferentes formas y tamaños para diferenciar el relleno), cantidad que te viene bien si tienes 5 de familia y quieres darle una bandeja a los vecinos (procurando que no sean los mismos a los que por la mañana les has llevado una bandeja de galletas glaseadas de colorines, más que nada porque a ella, mientras se relame y te da las gracias, le puede dar un chispazo y se le puede poner cara de: “esta o se ha vuelto lesbiana (con perdón y todos mis respetos) o le gusta mi marido, todo eso sin pensar que el marido tiene la edad de tu hijo”), otra bandeja a la prima, etc. pero, en caso contrario, se reducen las cantidades de todo proporcionalmente y listo.

A todo esto ¿dónde andará el cable de datos de la cámara de fotos?, igual lo tiré en la mudanza.




P.D. Google, prometo no poner ninguna foto chapucera más, pero no me putees más con el tamaño y el color de la letra, que me tienes de los nerviossssssssssss.