Callad, por Dios, ¡Oh buñuelo!.

(La foto es de otro día, los de hoy los haré esta tarde que no me ha dado tiempo)
Callad, por Dios, ¡oh buñuelo!
Que no podré resistir
mucho tiempo sin partir
con mis dientes tu señuelo.

Ah, callad, ¡por compasión!
Que oliéndoos me parece
que mi cerebro enloquece
y se arde mi corazón.

¡Ah! Me habéis hecho beber
un filtro infernal sin duda:
el chocolate no ayuda,
ya sin virtud soy mujer.

Tal vez poséeis, buñuelo
un misterioso amuleto
que a vos me atrae, en secreto,
con irresistible anhelo.

Tal vez Satán puso en vos
su vista fascinadora,
su palabra seductora,
y el amor que negó a Dios.

¿Y qué he de hacer, ¡Ay de mí!?
Sino caer en vuestros brazos
si el estómago en pedazos
me vais robando de aquí.

No, buñuelo, en poder mío
resistirte no está ya:
yo voy a ti como va
sorbido al mar ese río.

Tu presencia me enajena
tu olorcito me alucina,
tu textura me fascina
y tu sabor me envenena.

¡Buñuelo!, ¡Buñuelo! Yo lo imploro
de tu hidalga compasión
o arráncame el corazón
o no engordes que te adoro.

De rodillas te lo imploro
¡Oh buñuelo de mi amor!
Te comeré sin temor
mas no te rías de mi lloro.

Cuando mañana me pese
y los michelines vea.
No me digas que estoy fea
ni que de comerte cese.





Las Lágrimas de San Lorenzo




Las Perseidas, también llamadas Las lágrimas de San Lorenzo, son, en realidad, una lluvia de meteoros que radian de la constelación de Perseo y  que se  ven en el mes de agosto, coincidiendo aproximadamente con la festividad de San Lorenzo que se celebra el 10 de agosto.


A Las Perseidas se les denominó Lágrimas de San Lorenzo durante la edad media porque, como he dicho antes, tenían lugar la noche en que se celebra el santo y se asociaron con las lágrimas que vertió San Lorenzo cuando fue asado en una parrilla.


Se ven a simple vista, basta mirar al cielo sin necesidad de telescopio ni prismáticos y, este año, cuando mejor se verán será la madrugada del 12 al 13 de agosto.


Hay otras lluvias de meteoros que también son visibles, como las Leónidas. las Cuadrántidas, Las Líridas y las Gemínidas, pueden ser incluso más abundantes que Las Lágrimas de San Lorenzo pero no tienen la tradición y el encanto que estas, quizás porque tienen lugar en invierno y no apetece salir de madrugada al campo a observarlas o por lo poético de su nombre.


Perseo, recordemos, fue hijo de Danae y Zeus, quien tuvo que convertirse en lluvia de oro para acceder a la torre donde Danae había sido encerrada por su padre y poder dejarla encinta. Ya adulto, protegido por un escudo regalo de Atenea, una hoz de acero regalo de Hermes, el zurrón mágico de las Náyades, el casco de Hades y unas sandalias aladas, consiguió cortar la cabeza de Medusa para protegerse de Polidectes, a quien terminó petrificando con la cabeza


Cuando regresó de esta misión, Perseo encontró a Andrómeda encadenada a una roca, expuesta a ser devorada por un monstruo marino y, enamorándose de ella, la liberó y se casó con ella y tuvieron siete hijos.


Nada se dice de ello pero yo me pregunto si las Perseidas no son en realidad el polvo de oro en el que se convirtió Zeus para engendrar a su hijo Perseo, en cualquier caso yo las he visto y se podrían denominar polvo de dioses, de tan bonitas como son.

El esguince (no hay dos sin tres)

Voy por mi tercer esguince en el pie derecho, de ahí lo de que no hay dos sin tres. Y hoy, recordaba lo que, por el esguince, me ocurrió en la primeravera del 2009, cuando me torcí el pie en la oficina y me hice un bonito esguince con rotura parcial de ligamentos. Culpable el tacón según el traumatólogo, me dio una charla al respecto pero yo ni caso, en cuanto me curé volví a las andadas, o sea al tacón.

Aquello me obligó a hacer casi un mes y medio de reposo y a andar con muletas y, estando todavía convaleciente, se celebraba una feria de gourmets a la que, por trabajo, nos interesaba ir a mi marido y a mí. Lógicamente no podía darme "la paliza" de recorrer la feria con las muletas así que nos llevamos la silla de ruedas. Nos acompañaron una pareja de amigos que tienen un negocio relacionado con el tema y también estaban invitados.

Cuando llegamos al parking del recinto ferial, me ayudaron a bajarme del coche y me instalé en la silla de ruedas, ahí yo toda monísima, hecha una barbie, con una sandalia en un pie y el otro vendado y asomándome una uña pintada que era la única que se me veía, como una reina.

La primera gamberrada me la hicieron en la puerta, me dejaron allí en la silla y me dicen: "mientras nosotros entramos tú te quedas aquí pidiendo a ver si, cuando salgamos, te han dado suficiente dinero para que nos invites a comer", me quedé muda, menos mal, porque si me da por hablar se oyen los gritos hasta en Australia,  sin poder moverme porque las muletas se habían quedado en el coche, todo el mundo mirándome y yo disimulando, como si no fuera conmigo. Ninguno de los tres me cogía el teléfono pero a los 10 minutos volvieron a buscarme, muertos de risa para variar, y me dicen: ¿qué, cuanto has recaudado ya? yo, ofendidísima, respondí casi a gritos: ¿tengo yo aspecto de mendigaaaaaaaaaaa?, ¿os parece que voy mal vestidaaaaaaaaaa?, al final me contagiaron las risas y entramos a la feria.

Fuimos recorriendo diferentes stands, saludando a expositores conocidos, catando vinos y muchos productos estupendos y yo pensando: "parece que han terminado conmigo" pero qué equivocada estaba. La siguiente me la hicieron en un stand de vinos, estábamos catando y yo hablando con la representante del Consejo Regulador en cuestión que es amiga mía cuando, de pronto, llega un periodista pertrechado con su cámara de fotos. No se lo pensaron dos veces, me giraron la silla para que me quedara frente a frente con el periodista, se apartaron y le dicen "señor, haga Ud. el favor de sacarla en el reportaje que vaya a hacer, que no sabe Ud. la ilusión que le hace, le gusta chupar cámara que no vea y lo de salir en los periódicos ya ni hablamos, eso es que le priva"; el pobre periodista se lo creyó y pensó: "pobre mujer, a esta la saco yo en primera página y doy el golpe" y se puso a fotografiarme en la silla y yo, con mi copa de vino en la mano, diciéndole "nooooooooooo, por favor, nooooooooooo, no les haga caso que estos están locos, que lo que quieren es reírse de mí porque no me puedo defender, por favor a mí no me saque en la silla", yo no sé si terminé saliendo o no porque, para curarme en salud, ni miré la televisión en varios días ni compré los periódicos pero reírse, lo que es reírse, sí que se rieron, hasta el periodista se rió.

Pero la cosa no se quedó ahí, no, hubo más. Cada vez que pasábamos por un stand donde los expositores eran conocidos nos regalaban cosas y ellos, sin cortarse un pelo, me lo ponían todo en la silla, los brazos llenos de bolsas colgando, botellas de vino encajadas en la silla rozándome los muslos, yo ya no podía más y les decía: "que estamos dando un espectáculo, no me pongáis más cosas en la silla, por favor"; pero qué va, el espectáculo estaba aún por venir y lo dimos más tarde, en las siguientes visitas, ahora ya por el sector dedicado a los cárnicos. Nos pusieron varias bandejas con jamón de jabugo, ibéricos, cecina, etc. y, con la excusa de dejar paso a otros visitantes, me las colocaron encima de mis muslos y en mis manos, como si yo fuera una mesa, e iban comiendo de allí. De pronto me dicen: "vamos a seguir" el problema fue que seguimos pero yo seguía toda cubierta de bandejas y ellos le decían a todo el que se cruzaba con nosotros: "¿le apetece tomar algo?, tome, tome, Ud. no se prive" y tomaban, ya lo creo, tomaban de las bandejas que yo llevaba encima y yo como un tomate de roja. Cuando se acabó el contenido de las bandejas me las repusieron, que por algo conocíamos a muchos de los expositores ¿para qué tiene uno amigos?.

Yo no soy rencorosa pero esta, y las demás que me hicieron ese día y otros más a costa del esguince, se las tengo guardadas.

La noche mágica de San Juan




La noche de San Juan celebraremos
sin ayuda de hogueras ni conjuros,
tú y yo solos, despacio, sin apuros,
sin aquelarres, brujas o demonios,

el fuego lo pondremos nosotros,
será el que nos quema con mirarnos,
el que nos hace eternamente amarnos,
las chispas saltarán con nuestros besos,

el hechizo serán nuestras miradas
risueñas, cómplices, enamoradas,
dulces, tiernas y hasta hipnotizadas

el conjuro lo harán los sentimientos
y la luna, eterna vigilante,
le contará nuestra magia a los vientos.

Ahí me tienes



Mira esto y deja de enseñarme dulces 





María responde:

Mira lo que te digo, Mati, yo las cosas las hago bien o no las hago así que, en vez de subirme a la sierra a comerme una bolsa de recortes de hostias (que le habrás comprado a las monjas, seguro), me hago una tartica como esta y, ya que peco, que sea por algo que merezca la pena:






Y, para que veas lo que te quiero, te voy a poner la receta:

Ingredientes:

a) Para el bizcocho:

4 huevos
3 tazas de café de harina
2 tazas de café de azúcar
1 taza de café de cacao en polvo (o chocolate valor o incluso cola cao)
1 taza de café de leche o un yogur blanco
1 taza de café de mantequilla derretida
1/2 copa de brandy
1 cucharada de vainilla azucarada (o esencia de vainilla)
1 sobre de levadura Royal

b) Para los ganachés de chocolate:

400 grs. de chocolate con leche
200 grs. de chocolate negro
200 grs. de chocolate blanco
800 ml. de nata de 35% de materia grasa
1 cucharada sopera de mantequilla

c) Para el baño:

250 ml. de leche
Café soluble o una taza de café con o sin cafeína,
1 cucharada de azúcar o dos pastillas de sacarina
1/2 copa de brandy (o más si queremos que se note más el sabor)

c) Para adornarlo:

Toppings de chocolate, o fideos (si no queremos comprarlos se pueden hacer rallando chocolate con un cuchillo de sierra). O una flor de fondant como lleva esta (también se puede hacer con caramelos Sugus).


Preparación:

a) Del bizcocho:

Tamizamos la harina junto con el cacao en polvo, la levadura y la vainilla (si es en polvo) y reservamos.

Batimos, hasta que espumee, los huevos junto con el azúcar (con las varillas).

Añadimos a los huevos y el azúcar la leche, la mantequilla derretida y el brandy y volvemos a batir hasta que esté todo bien mezclado.

Añadimos esta mezcla a la harina y el resto de ingredientes tamizados, poco a poco y mezclando bien para que no queden grumos (si vemos que queda alguno se mete la batidora, en cuyo caso dejamos reposar un poco para que se asiente la masa).

Precalentamos el horno a 160º con calor arriba y abajo.

Ponemos la masa en el molde que nos guste, que previamente habremos engrasado con mantequilla, salvo que sea de silicona.

Lo ponemos en la parte baja del horno de 20 a 30' (esto depende de lo alto que sea el molde, así que hay que ir pinchando con una brocheta o un cuchillo afilado hasta que salga limpio y veamos que está hecho).

Lo dejamos enfriar (mejor sobre una rejilla fuera del molde)


b) De los ganachés:

1) Troceamos los 400 grs. de chocolate con leche, lo mezclamos con 400 ml. de nata y lo fundimos en el microondas o al baño María (en el microondas se mete dos minutos, se saca y se remueve un poco y luego se mete de 30 en 30'' para evitar que se queme). Es más práctico hacerlo en el microondas porque luego usamos el mismo bol para montarlo.

Dejamos enfriar y metemos al frigo dos o tres horas para que se enfríe.

Una vez frío lo montamos con las varillas igual que si fuera nata, primero a velocidad baja y, en cuanto empiece a espesar, subimos la velocidad hasta que tome consistencia y haga picos.

Reservamos en el frigo.

2) Troceamos los 200 grs. de chocolate blanco, lo mezclamos con 200 ml. de nata y
lo fundimos en el microondas o al baño María (en el microondas se mete dos minutos, se saca y se remueve un poco y luego se mete de 30 en 30'' para evitar que se queme). Es más práctico hacerlo en el microondas porque luego usamos el mismo bol para montarlo.

Dejamos enfriar y metemos al frigo dos o tres horas para que se enfríe.

Una vez frío lo montamos con las varillas igual que si fuera nata, primero a velocidad baja y, en cuanto empiece a espesar, subimos la velocidad hasta que tome consistencia y haga picos.

Reservamos en el frigo.

3) Troceamos los 200 grs. de chocolate negro, lo mezclamos con 200 ml. de nata y la cucharada de mantequilla (a este se le pone mantequilla para que haga una capa dura y sirva de cobertura y no se nos reseque la tarta en el frigo).

Lo fundimos en el microondas igual que los anteriores y lo mezclamos muy bien (este no se bate)

Esto hay que hacerlo a última hora, justo cuando vayamos a ponérselo al bizcocho.


C) Montaje:

1) Dividimos el bizcocho en dos partes con un cuchillo largo o una lira (también se puede hacer dos bizcochos finos si tenemos dos moldes iguales).

2) Ponemos la parte inferior sobre la bandeja que hayamos elegido.

3) Calentamos un poco la leche con el café y el brandy y, con una cuchara o un biberón de pastelería, bañamos de forma uniforme todo el bizcocho (gastamos la mitad y reservamos la otra para la parte de arriba).

4) Cubrimos toda esta parte con el ganaché de chocolate blanco (con la manga pastelera o extendiéndolo con cuidado con una espátula de silicona o alisando con un cuchillo).

5) Ponemos encima la otra parte del bizcocho y lo bañamos con la leche restante.

6) Fundimos el chocolate negro con la nata y la mantequilla y, todavía caliente, se lo echamos con cuidado por encima cuidando que nos cubra todo, incluso los laterales.
Para que no haga un agujero en el bizcocho es mejor poner una cuchara sobre el bizcocho e ir echándolo del bol a la cuchara y de esta al bizcocho y así cae más suavemente.

7) En cuanto se endurezca el chocolate negro (lo hace rápido), metemos el ganaché de chocolate con leche en la manga pastelera (yo le pongo la boquilla rizada grande) y lo adornamos a nuestro gusto. Se puede cubrir todo, para lo cual necesitaríamos unos 200 grs. más de chocolate y otros 200 ml. de nata, o dejarle un trozo de chocolate negro a la vista y espolvorear este con los toppings o adornar con una flor.

Ahora que veo, en esta cambié el chocolate con leche por negro y viceversa.

Lo que esconde una perla, según Pedroche




Pasado mañana hará dos meses que falleció mi madre, a la que siempre recordaré con perlas, le gustaban mucho, al igual que a mí, por eso hoy, a pesar de que estoy aún con pocas ganas y con un gran vacío por su ausencia, me he decidido a escribir o, más bien, algo que he leído me ha impulsado a escribir; en concreto la opinión de Pedroche sobre las perlas.

Opino que cuando la estupidez no te deja pensar dices cosas como Cristina Pedroche, quien afirma, entre otras tonterías y sin rubor alguno, que las mujeres (entre las que me cuento) que usamos pendientes de perlas o perlas en general somos pijas malas y que, cuando las llevas, es porque algo escondes.

Al leerla, mi primera reacción ha sido una carcajada y un pensamiento: “la pobre no da más de sí”. Después, reflexionando, he pensado en la autoridad moral o, si me apuran, estética, que tiene la susodicha para opinar sobre los pendientes que usamos muchas teniendo en cuenta que gran parte, por no decir toda, de su valía profesional consiste en enseñar cacho y presumir de ello.

Personalmente, me parece una ordinariez que Pedroche salga a presentar el especial Nochevieja en camisón o sin ropa interior y que se jacte de ello pero, por descontado, la pela es la pela y si a la chica le pagaron bien por ello y, por lo que se ve, entra dentro de su código estético, está en su perfecto derecho.

La verdad es que la muchacha, tan maravillosa ella, no se corta un pelo a la hora de criticar pues el otro día, sin ir más lejos, se descolgó con la frasecita: “cuando te la lían en la carretera suele ser una chica, se ve que dudan...”, y, al mismo tiempo, afirmaba que nunca pone el intermitente porque le da rabia el sonidito ese de tic, tac, tic, tac que hace. Eso sí luego, pobrecita mía, se queja amargamente cuando la DGT aprovecha su desliz y twittea lo siguiente:



Dir. Gral. Tráfico
✔ ‎@DGTes
???#NoSigasSuEjemplo El intermitente evita accidentes, no gasta y es solidario : ayuda al resto de conductores 


 
Entonces Cristina, tan coherente ella, recula, hace unos mohines, y dice que está harta y que no quiere estar dando explicaciones de todo lo que dice y que, además, la entrevista en la que confesaba aquello tiene un año y, donde dijo digo dice Diego y ahora confiesa (sic): "Vamos a ver… Por supuesto que pongo los intermitentes, soy bastante precavida, no me gusta conducir rápido, jamás he tenido un accidente, y me da igual si conduce una mujer o un hombre… Ya lo he dicho 20 veces, pero parece que lo tengo que repetir…". Pedroche matizó que el tono de la entrevista era "de humor, superficial, irónica y hecha en un evento de publicidad”, circunstancias estas que, al parecer, le otorgan “patente de Corso” para insultar a otras conductoras y mentir sobre los intermitentes.

Pero, volviendo a las perlas, no sé si Cristina sabe que una perla es poesía y es, en realidad, el “llanto” de una ostra pues, para protegerse se una partícula de tierra o arena que se les haya metido, segregan nácar y sucesivas capas de estas forman la perla.

Los romanos llamaban a las perlas "lágrimas de diosas" y los griegos, en contra de lo que se cree actualmente, les conferían el poder de evitar el llanto de las novias y auguraban felicidad a quien llevaba perlas y decían que eran pequeñas lunas que iluminan. Yo añadiría que son ,también, elegancia, sensualidad, destellos de luz y muchas cosas más y que, en definitiva y como diría mi madre, las perlas no son para las chonis.

Sin propósito de enmienda y un deseo





Un año más, hoy es el día de los propósitos y estoy como los años anteriores, sin propósito de enmienda, sin intención alguna de privarme de nada, porque ya se encarga la vida de quitarte muchas de las cosas que te gustan o de impedirte conseguir muchos de esos proyectos, ya irrealizables salvo milagro.

Este año pasado que, por la enfermedad de mi madre, que cada día está peor, ha sido extremadamente duro y apenas he podido asomar por el blog ni casi conectar el ordenador más que para hacer la compra, me he radicalizado si cabe aún más, lo he hecho contra la injusticia, contra los abusos a los débiles, contra la gente que prohíbe por el gusto de prohibir, contra los políticos que piensan que somos tontos y, cada uno en la medida de sus posibilidades o según sus intereses, nos sueltan su discurso y nos tratan de vender “la moto” con cantos de sirena imposibles de realizar económicamente hablando y un largo etc.

Pero, sobre todo, me he radicalizado contra el funcionamiento de la mal llamada Justicia en España porque ¿cómo se puede llamar Justicia a esa institución que deja en libertad (menos mal que con cargos) a dos hijos de mala madre que han tenido a su hermano, enfermo mental, durante 20 años recluido entre cuatro paredes sin techo, desnudo y sin acceso a ningún tipo de higiene y asistencia médica para quedarse con su pensión?.

Este nuevo año, al contrario que los anteriores, sí he pedido un deseo, uno que me parece muy importante y es que cada enfermo, cada anciano, cada niño o cada persona necesitada tenga alguien que les cuide y, sobre todo, que les quiera, que les mime y que les haga sentir calor humano.

Y, a propósito del calor humano, voy a contar una pequeña historia que me viene afectando desde el mes de abril, cuando fui de visita a la residencia donde está mi tía y vi a una anciana llorando sin parar y diciendo que se habían ido a Madrid sin ella.

La anciana en cuestión iba perfectamente aseada y arreglada, hasta con sus uñitas pintadas y, por descontado, bien alimentada y cuidada como todos los que están en esa residencia pero no paraba de llorar y, cuando advertí a una cuidadora de lo que le pasaba, me dijo que llevaba así desde Navidad cuando vino su familia a visitarla y se marcharon sin ella y que no había forma de que dejara de llorar.

Pero sí que la había, era tan fácil como darle cariño, como abrazarla y tranquilizarla y darle un montón de besos que fue lo que hice. La estuve abrazando y besando durante media hora, no tenía más tiempo, y diciéndole que no se preocupara, que un día vendrían sus hijos para llevársela a Madrid de nuevo, que estaban ocupados trabajando y todas las mentiras que se me ocurrieron.

Y, mientras la abrazaba y ella se aferraba a mí con todas sus fuerzas, notaba como se relajaba y como le iba bajando el ritmo cardiaco que tenía tan alterado y, mientras cesaban sus lágrimas, afloraban las mías y me daban unas ganas enormes de montarla en el coche y llevármela a mi casa.

Sé que estoy loca y que, de haberlo hecho, igual ahora mismo yo estaba encerrada, pero era tan vulnerable, daba tanta pena y, al mismo tiempo, era tan fácil ayudarla, tan sólo dándole cariño, que no puedo evitar recordarla cada día y tampoco he sido capaz de volver a la residencia a interesarme por ella. No sé nada de ella, si vive todavía, si esta Navidad ha vuelto su familia de visita para volver a irse a Madrid sin ella, tan sólo sé que se quedó con un trocito de mi corazón y que yo no soy quien para juzgar a nadie ni sus circunstancias pero, bajo mi experiencia, darle unos años de tu vida a quien te dio la tuya propia merece la pena, ya lo creo que la merece.