14 de septiembre de 2010

* Delirio * ( 9 - Fin)

Paula escuchó el timbre de la puerta, repiqueteando insistente, mientras enjabonaba los tazones y cucharas del desayuno.
Se apresuró a secar sus manos y abrió la puerta, para salir de dudas.
El cartero le entregó una carta certificada, en la que rezaba claramente la sentencia del juez, con respecto al futuro de Cora.
No hubiera querido leer nunca esa noticia, pero el día había llegado y ella no podía hacer absolutamente nada.
Le consolaba que tenía el apoyo total de su hermana, que adoraba a su querida hija.
Le había explicado, de la mejor manera, aguantando las lágrimas, que era lo mejor para Cora.
Todo, antes que la niña fuera a un hogar o institución extraños.
Sería una hija más, entre los suyos, si Paula aceptaba. Y en el comunicado, la decisión del juez, la menos mala para su hija, rezaba favorablemente para su hermana.
No sabía lo dura que sería la vida sin ella.
Ignoraba, que una parte de su corazón, sería cercenada para siempre.
No la vería crecer, posiblemente, pero su mente no alcanzaba a predecir los dulces momentos, por llegar, de su adorada Cora, arrancados de cuajo por la justicia.

Dijo que sí , con resignación y tristeza a la nueva vida de su hijita, lejos, muy lejos, de su ciudad y de ella misma.
Cora aceptó con alegría ir a su nuevo hogar, tendría una hermana, su prima y eso le encantaba.
En su cabecita de niña, no podía ni suponer, lo duro que sería no ver, en su nueva madre, la cara de quien le diera la vida.


Paula aprendió con los años a entender que, su niña tenía una familia que la quería por ella y con ella y a vivir sin su presencia, por el bien de las dos.
Cora le escribía unas cartas llenas de amor y dibujos de colores, a su madre del alma.
Se las aprendió casi de memoria, pero aún así, paseaba su lectura por las derechitas redondillas, que siempre le sabían a poco, como los helados de vainilla.
Los días de Paula, sus años, siguieron sucediéndose despacio, cuidada por su madre y dándole su compañía.
Todas las mañanas contemplaba con avidez, las fotografías de su hija, una a una, que mostraban el paso del tiempo, en su cuerpo y su sonrisa.
Su mente y su corazón siguieron viviendo sosegados, con la esperanza de volver a ver, algún día, a su querida hija.
Cora, a sus catorce años es toda una mujer, es feliz y nunca olvidará a su mamá.
Paula, sigue soñando en su propio paraíso.
Cada mañana, suspira todo. Cada tarde, llora un ratito, con las pocas lágrimas que le quedan, añorando al amor de sus amores, su princesa.

Y cada día, es uno menos para abrazar a su delirio, que la espera paciente.
Quiere convertirla, para siempre, en una niña con sonrisa de ángel.

10 comentarios:

María dijo...

Me has hecho llorar, te vuelvo a repetir que es lo mejor que te he leído.

La vida no siempre es justa pero, dentro de su injusticia, en esta ocasión eligió lo mejor para Cora, ella tiene dos madres, las dos la quieren aunque sólo una la cuide.

Cuando pase el tiempo y Paula pueda abrazar a su Cora seguro que olvidará todos los abrazos y besos que no le dio en todo el tiempo que pasaron separadas.

Besos

wpaa dijo...

Preciosa historia de amor y sacrificio ,pero el tiempo siempre recompensa los sufimientos pasados .Ines nos has traido un relato escrito con gran intensidad y sabiduria en tus letras.
Un beso
wpaa.

SalvaX dijo...

Emocionante.

Mayte® dijo...

Lo mejor con diferencia. Se le ve el amor tan grande que ha sentido al escribirlo y recordarlo.

Te felicito Ines,lo has bordado.

Fibonacci dijo...

te felicito Ines, bonita historia llena de ternura.
Un beso

Alejandro dijo...

Me he perdido algún capítulo, prometo leerlos en cuanto pueda. Buen final, lo mejor dentro de lo malo.

Un saludo

Manases dijo...

Criar bien a un hijo es una tarea ardua. Requiere sacrificio. Pero los buenos padres deben asegurarse de que lo que se sacrifique no sean los hijos, que bella exposición y que bien narrado Inés, muchos besos

scarlet2807 dijo...

Buenísimo, de principio a fin...
Un beso, Scarlet2807

Carmen dijo...

No te los he comentado todos pero sí los he leído, es una historia que parece muy real y, vuelvo a insistir, me gusta mucho como narras.

Un beso

donmyguel dijo...

¿Para cuándo la historia de la hermana de Paula? ¿Qué tributo hubo de pagar para poder hacerse cargo de su sobrina? ¿Qué fue de su vida desde entonces?

Callad, por Dios, ¡Oh buñuelo!.

(La foto es de otro día, los de hoy los haré esta tarde que no me ha dado tiempo) Callad, por Dios, ¡oh buñuelo! Que no podré resisti...