4 de octubre de 2010

MI ULTIMA REFLEXION AQUI.

     Depresión, ansiedad, estrés, trastornos emocionales, de personalidad, de conducta, problemas de afectividad, de socialización, de control de impulsos, carencia de habilidades sociales, de técnicas de afrontamiento... son términos utilizados a diario por psicólogos y psiquiatras en sus consultas pero que, actualmente han dejado de ser utilizados únicamente en el ámbito clínico, para formar parte del lenguaje coloquial del conjunto de la sociedad.

     Podemos encontrar a una mujer comentándole a su vecina que ha visto a la del tercero muy deprimida, que su marido va muy estresado en el trabajo o que el hijo del panadero, que va a la misma clase que su hijo, es hiperactivo y no para quieto.

    De pronto, todo el mundo parece interesarse por los problemas relacionados con la psique. Todo el mundo lee revistas en las que aparece una columna dedicada a resolver las consultas de la gente sobre aspectos emocionales, personales o laborales y que rara vez pueden aportar mayor consejo del que te proporcionaría un amigo y dos cervezas.

     En televisión aparecen prestigiosos estudios en programas científicos de poca audiencia, mientras tertulianos de dudosa reputación se llenan la boca con términos de los que desconocen su significado.

     El lado positivo de todo esto es que, en una cultura como la occidental donde siempre se ha prestado atención a lo somático, a lo puramente físico, parece que hemos vuelto la mirada hacia un aspecto que hasta ahora habíamos olvidado.

    La parte psicológica y la parte biológica de las personas se encuentran íntimamente relacionadas, están interconectadas, y no podemos entender cada uno de estos componentes de lo humano sin entender esa influencia mutua.

   Pero esta nueva y estimulante apertura científica hacia el estudio de la mente nos va dejando multitud de nuevos conceptos que utilizamos para describir problemas nuevos o problemas ya conocidos, pero que no se habían definido específicamente; Respondemos así a la necesidad racional de clasificar todo lo que nos rodea, estructurarlo de forma ordenada de modo que parezca que todo tiene sentido y un orden lógico en el mundo.

    Tenemos la sensación de que han aparecido de la nada una infinidad de problemas nuevos, pero nadie puede negar que tras una guerra, como la guerra civil española, las personas que se vieron involucradas en ese mundo de violencia sufrieron lo que hoy se conoce como Trastorno de estrés postraumático; nadie puede negar que en el comienzo de la industrialización del país, los trabajadores españoles se vieron sometidos a unas condiciones laborales que les provocaba estrés laboral; nadie puede negar que trastornos mentales con conocida base biológica, como la esquizofrenia, existen desde que el hombre es hombre. Siempre ha existido la depresión, los trastornos emocionales, de control de impulsos, de conducta... siempre han existido porque están imbricados con la condición de ser racional y social del ser humano.

    Sin embargo, nos resulta novedoso, estimulante, nos proporciona conceptos para describir y explicar tanto situaciones extraordinarias como situaciones cotidianas, como si hubiésemos descubierto la clave que descifra las nuevas enfermedades de una nueva sociedad desarrollada, industrializada y moderna.

    Es cierto que el estudio de las enfermedades o trastornos mentales aporta un groso de conocimiento y el desarrollo de tratamientos eficaces para la mejora de la salud mental, pero a su vez utiliza clasificaciones en sus diagnósticos clínicos que etiquetan a personas bajo una concepción estática (y en ocasiones estigmatizante) que en nada beneficia a su recuperación.

    Este riesgo de clasificar personas bajo una etiqueta diagnóstica es asumido por todos nosotros con una normalidad preocupante, utilizando términos y realizando valoraciones sin tener los conocimientos suficientes para realizar una evaluación real, clasificando personas dentro de una categoría según unas características que consideramos innatas o rasgos de su personalidad, y relegando a un segundo plano otros factores que influyen en el desarrollo y mantenimiento de dichos trastornos.

    Por todo ello, cabe preguntarse si realmente se ha producido un aumento de los problemas de salud mental o simplemente nos encontramos ante un auge del tecnicismo en este campo.

    Este reciente interés ciudadano por los conceptos psicológicos ha aumentado el uso y la popularidad de la diagnosis de trastornos como explicación a muchos problemas que tendrían una explicación más plausible en otras causas. Nos encontraríamos ante un reduccionismo explicativo, utilizando los criterios diagnósticos para realizar una evaluación apriorística sobre el problema concreto. También puede suceder que el creciente interés por esta problemática y el desarrollo de nuevas herramientas que permiten la detección de desviaciones de la personalidad o de la conducta, haya llevado al diagnóstico de trastornos mentales que anteriormente pasaban desapercibidos o no podían evaluarse. En cualquier caso, la realidad clínica sería la misma hace cien años que en el momento actual, simplemente se habría aumentado de una manera artificial las estadísticas que recogen la incidencia de trastornos mentales.

    No obstante, también es posible que se haya producido un aumento de estos desajustes psicológicos debido a los cambios en la forma de vida que nos ha impuesto la nueva sociedad en que vivimos. Nuestro ritmo de vida ha cambiado y el tiempo se ha convertido en el recurso más preciado: trabajamos, comemos y dormimos condicionados por el tiempo, limitados por unos horarios establecidos que nos hacen esclavos de un reloj. Ya no tenemos tiempo para nosotros, para reflexionar, para asimilar, para sentir, para compartir con los demás, tenemos muchas obligaciones y muy poco tiempo. Vivimos en una sociedad que potencia la competitividad en lugar de la colaboración, moldeando a su antojo personalidades egoístas, individualistas, sin otro objetivo que el beneficio propio en lugar del bien común. Caminamos por las calles de ciudades masificadas pero rara vez cruzamos una mirada y muy rara vez una palabra. Nos comportamos como autómatas, como piezas de este enorme engranaje en el que se ha convertido nuestra sociedad actual, olvidando lo que nos ha hecho sobrevivir como especie y llegar hasta nuestros días, lo que necesitamos para sentir que realmente formamos parte de algo, olvidando que somos seres sociales. Nos sentimos solos (y en ocasiones lo estamos) con todo lo que ello implica, dejándonos vacíos y con una falta de estabilidad emocional. Buscamos en el infinito universo de internet, en plataformas sociales, chats y demás, lo que siempre hemos tenido al alcance de la mano, utilizando los medios tecnológicos más modernos para conseguir lo más simple y primitivo.

    Muchas factores de esta sociedad moderna pueden influir en la creación de un caldo de cultivo propicio para el desarrollo de problemas mentales en la población, y muchos hábitos de conducta de la población incrementan el riesgo de padecer dichos trastornos, pero lo que es indudable es que necesitamos a los demás, necesitamos hablar, comunicarnos, compartir nuestras experiencias y nuestros sentimientos, necesitamos el apoyo de los demás, un abrazo, una caricia, un gesto, necesitamos sentirnos protegidos, respaldados, comprendidos, incluso corregidos y reorientados, necesitamos querer y que nos quieran, saber que no estamos solos y que, cuando lo necesitemos, siempre habrá una mano tendida dispuesta a ayudarnos. Necesitamos volver a ser seres sociales y no sólo personas dentro de una sociedad.

    Puede que todo esto no sea más que palabras escritas, reflexiones en voz alta, o quizás tan sólo sea añoranza de otro tiempo, pero tampoco es mi intención encontrar la solución a los problemas de una sociedad, en mi opinión, “enfermiza”. Puede que de nada sirva intentar que las personas den un cambio imposible a su ritmo frenético y se paren a valorar las cosas realmente importantes, pero me conformo con que algunas de aquellas personas que me importan paren su marcha al pasar por mi camino. Puede que algunos no lo comprendan, pero si queréis encontrarme, buscarme en el pueblo, tomando unas cañas con los amigos en el “bar de Manolo”, disfrutando de la tertulia con los paisanos en las noches de verano, olvidando los problemas que agrandamos en nuestra mente hasta hacerlos inabarcables y sintiendo que el tiempo recupera su velocidad. Y cómo siempre os digo, vivamos sin hacer daño, hagamos el amor hasta que nos cansemos, abramos la puerta de nuestra casa, no nos encerremos, no decaigamos, sólo vivimos una vez y no deberíamos olvidarlo, y como leí un día y esto va para los que son o somos creyentes: Dios escoge a quien es valiente para sobrellevar el peso de alguna pena y los que son felices, Dios en su bondad los escogió porque no serian lo suficientemente fuerte para aguantar la pena.

10 comentarios:

Mayte® dijo...

“Y vámonos poco a poco pues ya en los nidos de antaño, no hay pájaros hogaño.”

SalvaX dijo...

Estamos siguiendo a distancia la evolución de paises mas avanzados como los Estados Unidos de hace unos 20 años.
Todo el mundo iba al psiquiatra y todo el mundo estaba medio "majareta" y además presumía de ello.
Hemos banalizado algo tan serio como las afecciones psicológicas y psiquiátricas para hacer de ellas (Especialmente de las imaginarias) una moda de la que hablar.
Como en todo lo que hace referencia a la salud mal entendida... ¡Maldito Internet! que es una frase que dicen mucho los médicos ultimamente....

Fibonacci dijo...

Las últimas palabras de Hamlet a su amigo Horacio fueron,"Vive y sigue a Fortimbrás. “Todo lo demás es silencio” y calla para siempre.
nitis praelatus facit ignavos famulatus”.

SalvaX dijo...

Hace muchos años que no re-leo a Cervantes ni a Shakespeare y mi latín está muy oxidado (Hice Bachiller de Ciéncias)pero creo que estamos de acuerdo.
Un saludo afectuoso.

BONBOM dijo...

La pregunta seria todos entienden para aconsejar???.

porque cuando yo tube que tomar ansioliticos y antidepresibos durante tres años fueron recetados por un psquiatra, y aun asi tarde tres años en darme el alta, y no querer "morirme" o ayudarme a morirme, no creo que ningun vecino me obuise quitado eso de la cabeza,

un buen planteamiento, sobre algo muy serio, quizas algun día me decida a contar como me ocurrio a mi y como lo supere un beset.

saludos

* Inés * dijo...

Como mis antecesores lo dicen muy bien, yo fibo: SÍ A TODO.
Me encantó este texto, distinto en tí y muy bien desarrollado, que nos expones aquí.
Ya sabes que soy tu fan, en la distancia.
Sigue así,eres estupendo.
Gracias, siempre.

Rosa Mª dijo...

Muchas gracias Fibonacci por tu interesante reflexión, que espero no sea la última.
Los problemas psicológicos y psiquiátricos siempre han existido, sólo que no se les daba la etiqueta que ahora se les da. Antes, jamás se oía la depresión infantil, o simplemente depresión. Tampoco existía la psiquiatría como la que existe ahora, ni mucho menos la psicología. Y no sería, como bien tú has comentado, por falta de enfermedades, pues tras una guerra, a ver qué niño sin padres no tenía ningún transtorno, o el hambre, o la falta de trabajo, la probreza...
También pienso que ahora se ha agudizado puede porque creo que con tanta tecnología, como móviles, ordenadores... está influyendo grandemente en el ambiente.
Mi experiencia personal es que sufro una depresión desde que soy una niña y fibromialgia y fatiga crónica. Y no se me "clasifició" o "tildó" hasta los 24 años. Es decir, ahora una va al psiquiatra o al psicólogo como el que va al dentista o al médico general.
Mi pregunta es, ¿evoluciona la psiquiatría y la psicología al mismo ritmo que las enfermedades evolucionan?. Creo que se quedan cortas. Bueno, esa es mi opinión.
Gracias Fibonacci por tan estupenda reflexión.
Con todo cariño, Rosa.

scarlet2807 dijo...

Fibo, creo que también eres muy bueno en temas serios como éste.
Pienso que los problemas sicológicos y/o siquiatricos han existido siempre, aunque 2 cosas , ahora han aumentado, ya que el crecimiento de éstos va de la mano con el avance de la tecnología y por otro lado ,también es verdad que ahora se les da una impoertancia que antes no se le daba.
El aumento de los problemas siciológicos es el precio que tenemos que pagar por el "desarrollo" .
Un beso, Scarlet2807

Carmen dijo...

Has hecho una muy buena exposición, te felicito por ello pero discrepo en tu alegato final.

Se puede ser lo suficientemente valiente como para sobrellevar una pena y, al tiempo, feliz, lo uno no excluye lo otro.

Un beso

Anónimo dijo...

Fibo, un abrazo. Menudo repaso y reflexión has expuesto ¡¡
Yo ya te había llamado en una ocasión "sabio". Lo reitero.
Madeira

Callad, por Dios, ¡Oh buñuelo!.

(La foto es de otro día, los de hoy los haré esta tarde que no me ha dado tiempo) Callad, por Dios, ¡oh buñuelo! Que no podré resisti...