Aurora (fin)

Aurora piensa en la Fundación que preside Ana, en las grandes cantidades de dinero que ha donado siempre y en lo que, en su poco tiempo libre, colaboraba y piensa también en que este año no ha podido donar nada porque nada le queda, este ha sido el año de perderlo todo; trata de quitarse la humillación que le corroe el corazón pero no puede y empieza a sentir rabia, una rabia inmensa por sus circunstancias actuales, por la actitud de Ana y por muchas otras cosas que le están ocurriendo este último año y que no son en absoluto culpa suya.

Piensa que, solamente con los tres mil euros que donó el año pasado y cantidades similares todos los años anteriores, está más que justificado que Ana les hubiera invitado a esa cena a la que siempre han asistido porque Ana, como tantos otros que ella creía amigos y que han ido desapareciendo de su vida como las ratas que abandonan un barco, sabe de sus problemas actuales, sabe perfectamente que no ha hecho ninguna donación porque no podía hacerla y sabe, también, de lo difícil que está siendo todo para ella y de lo bien que le hubiera venido esa cena para, por unas horas, evadirse de los problemas que la acosan.

Meditando, se da cuenta de que Ana ya dio señales de su actitud actual pero ella no supo o no quiso interpretarlas, como el día en que le pidió que se llevara a su hija Laura a pasar un sábado a su casa porque tenían unos asuntos muy urgentes que resolver y Ana la esquivó diciéndole que se iban de viaje. Posteriormente, por azar, se enteró de que Ana estuvo todo el fin de semana en la ciudad y, cuando le preguntó al respecto, le dijo que su hijo se puso enfermo y no habían podido salir.

Mira el reloj y piensa en qué le dirá a Ángel, su marido, cuando llegue de dejar a su hija en casa de sus padres. No quiere que Ángel sufra más, han sido muchas humillaciones, demasiadas para tan poco tiempo. Recuerda el abatimiento de Ángel cuando, acosado por las deudas provocadas por los impagados y gran inversión hecha hace tres años, tomó la decisión más dura de su vida, cedió a sus acreedores la empresa que había fundado su bisabuelo y que había pasado de generación en generación, engrandeciéndose un poco cada vez más. Le quedó la pequeña satisfacción de que consiguió que los nuevos dueños mantuvieran a los 50 empleados, se quedaron todos, todos menos ellos dos, ellos dos ya no servían, así se lo dijeron.

Hace 6 meses perdieron también la casita de la playa, un mes después la del campo y esta, dónde viven ahora, le ha tocado a Hacienda, es cuestión de tiempo que los desahucien.

Hace tiempo que ya no tienen sueldo ni ningún otro ingreso entra a su casa, las reservas se agotaron en liquidar deudas y Ángel pasa su vida en una búsqueda infructuosa de trabajo, sale cada mañana muy temprano y regresa con las manos vacías y la mirada acuosa pero intenta hacerse el valiente y darle esperanzas a ella.

Aurora oye llegar el coche de Ángel, recoge la ropa que había preparado para la fiesta, se pone el pijama, pone en su estuche el collar que llevaba puesto y lo deja sobre el escritorio, no merece la pena guardarlo porque ese collar irá mañana a un joyería para ser vendido y, con lo poco que les den por él, seguir viviendo. El collar es la última joya que queda por empeñar o por vender pero Aurora sabe que todo cambiará y que, pronto, muy pronto, no hará falta empeñar nada más, incluso Ángel tendrá el dinero suficiente para comprar un apartamento para su hija y para él y, probablemente, para poner algún pequeño negocio que les de para vivir dignamente.

Aurora deja en su soporte la peluca que llevaba puesta, ha perdido todos sus cabellos por la quimioterapia que ha estado recibiendo y la de hoy hubiera sido su última fiesta porque su cáncer está en fase terminal. El dinero de su seguro de vida es lo que le dará un futuro a Ángel y a Laura, su pequeña de 10 años. Ella, quizás, pueda velar por ellos desde dónde vaya cuando deje de existir.

Recibe a Ángel con una sonrisa y le dice: "cariño, he llamado a Ana para decir que no podemos ir a la fiesta, no me encuentro bien".

12 comentarios:

Alejandro dijo...

Dura historia y claro exponente de muchas realidades actuales.

Un saludo

Anónimo dijo...

Triste pero real historia, en la vida me tocó el papel de Ángel .
Besos
enmatojado

María-Murcia dijo...

Enmatojado, yo no tenía medio de saber eso que te ocurrió pero créeme cuando te digo que, de haberlo sabido, jamás hubiera escrito algo así, no hubiera puesto nada que te lo pudiera recordar.

Lo siento.

Besos

wpaa. dijo...

Verdaderamente dura la historia de Aurola y Angel,porque si necesario es el dinero para subsistir,importante es es apoyo de los familiares y amigos en situaciones limites como la que relatas.
Me ha llegado al corazòn.
Un beso.
wpaa.

* Inés * dijo...

Impecable, cruda, buen ritmo en su desarollo y un final a mi entender, muy elegante.
Gracias, siempre.

** p.d. No es Dios, no es Él. Beso.

scarlet2807 dijo...

Triste, pero real como la vida misma, es en esos momentos cuando se ven los verdaderos amigos...
María lo heces perfecto en todos los temas que abordas.
Un beso, Scarlet2807

SalvaX dijo...

Dura historia y mas por conocer casos similares y cercanos.

D'MARIE dijo...

Muy fuerte Maria..casi hasta la angustia.Eso significa no solo que existe en la realidad,sino que lo expones con mucho criterio..Buenisimo!!
Besis

BONBOM dijo...

María yo lo he leido esta tarde y simplemente me impacto como si conociese a los protagonistas, de echo no pude dejar comentario, me quede fria.

Creo que es muy dura, por que es real, y porque esta redactada como solo tú lo sabes hacer.

Un besazo

Anónimo dijo...

María para nada tenias que dejar de escribirlo, no he recordado nada más de lo que recuerdo siempre.
Nunca dejes de escribir lo que quieras, lo haces muy bien.
un beso
enmatojado

Mayte® dijo...

Tengo que leerlo entero niña, he estado fuera de cobertura, ya lo sabes.

Un besote

Carmen dijo...

Dura realidad pero tremendamente actual como ya te han dicho.

Redacción impecable, como siempre.

Un beso