“¡Y SIN EMBARGO SE MUEVE!”.

Estamos en el año de nuestro Señor, a 22 de junio de 1633. Soy un débil anciano arrodillado ante el tribunal de la Inquisición romana. Soy un hombre de ciencia, uno de los más conocidos de la época. Mis conclusiones científicas son el resultado de largos años de estudio e investigación. No obstante, si deseo salvar mi vida, debo negar lo que sé que es cierto.

Mi nombre es Galileo Galilei. Se me juzga por lo que ha sido llamado el “caso Galileo”, como así muchos lo denominan, he originado dudas, preguntas y una gran controversia. Pero ¿por qué he causado tanto revuelo?

Muchas personas me consideran un destacado matemático, astrónomo y físico, es más me llaman el padre de la ciencia moderna. Fui uno de los primeros hombres que escudriñaron los cielos con un telescopio.

Empleé mis observaciones para sustentar una teoría que era objeto de candente debate: que la Tierra gira alrededor del Sol y que, por lo tanto, no es el centro del universo. Esto explica por qué a veces se me ve como el creador del método experimental moderno.

En mi papel de astrónomo descubrí, entre otras cosas, que Júpiter tiene satélites, que la Vía Láctea está formada por estrellas, que en la Luna hay montañas y que Venus experimenta fases al igual que la Luna.

Como físico, estudié las leyes que rigen el movimiento de los péndulos y la caída de los objetos. También inventé instrumentos como el compás proporcional, una especie de regla de cálculo. Y basándome en datos llegados de Holanda, construí el telescopio que puso el universo al alcance de mis ojos.

Mi prolongado enfrentamiento con la jerarquía eclesiástica, sin embargo, ha trasformado mi trayectoria como científico en un drama. Quiero contarles como empezó.

Ya en el año de nuestro Señor del 1596, había adoptado la teoría de Copérnico. Según esta, la Tierra gira en torno al Sol, y no al revés, lo que se conoce como sistema heliocéntrico .En 1610 descubrí con mi telescopio cuerpos celestes que nunca antes se habían observado, y me convencí de que había encontrado la confirmación de dicha teoría.

Mi objetivo no era sencillamente realizar estos descubrimientos. Deseaba persuadir a “los personajes de mayor categoría de la época príncipes y cardenales” de la veracidad de la teoría de Copérnico. Abrigaba la esperanza de vencer las objeciones de la Iglesia, e incluso ganar su apoyo, con la ayuda de amigos influyentes.
En 1611, viaje a Roma para reunirme con altos cargos eclesiásticos. Pero, aunque utilicé el telescopio a fin de mostrarles mis descubrimientos astronómicos, las cosas no resultaron como había esperado. Para 1616, ya era oficialmente objeto de investigación.

Los teólogos de la Inquisición romana calificaron mi teoría de filosóficamente insensata y absurda, y formalmente herética, ya que en muchos aspectos según ellos contradecía las Sagradas Escrituras.

Llegué a reunirme con el cardenal Roberto Bellarmino, considerado el mayor teólogo católico de sus días y apodado “el martillo de los herejes”. Este me advirtió de manera formal que dejara de propagar esas ideas acerca de un sistema heliocéntrico.
Me vi obligado a actuar con prudencia por supuesto sin dejar la teoría.

Hoy, diecisiete años después, comparezco ante el tribunal inquisidor. Aunque el cardenal Bellarmino ya ha muerto, su principal opositor es el papa Urbano VIII, quien en el pasado le había favorecido.

Me juzgan por haber escrito un libro titulado Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo, en el cual, como era de esperar, defendía el heliocentrismo. Un poco antes, en 1632 fuí citado ante el tribunal, pero como estaba enfermo y contaba casi 70 años, se demoró. Para evitar que me arrestaran y me llevaran encadenado, finalmente viajé a Roma al año siguiente. Por orden del Papa, fui interrogado e incluso amenazado con ser sometido a torturas.
Me sometieron a un “riguroso examen”, expresión técnica con la que se alude a la tortura de esta época.

Hoy fui condenado en una austera sala ante los miembros del tribunal inquisidor. Se me declaró culpable de “haber defendido y creído la doctrina falsa, contraria a las Sagradas y Divinas Escrituras, de que el Sol no se desplaza de este a oeste, y de que la Tierra se mueve y no es el centro del mundo”.

Reconozco que he sido cobarde pero tampoco quería convertirme en mártir, por eso tuve que retractarme. Tras la lectura de la sentencia, de rodillas y ataviado como un penitente, declaré con solemnidad: “Abjuro, maldigo y aborrezco los susodichos errores y herejías y en general cualquier otro error, herejía y secta contraria a la Santa Iglesia”.

Eso si en un momento de rabia golpee el suelo con el pie y proteste diciendo: “¡Y sin embargo se mueve!”.

Muchas personas han llegado a la conclusión de que la experiencia de Galileo demuestra que la ciencia y la religión son irremediablemente incompatibles. De hecho, a lo largo de los siglos su caso no solo ha distanciado a la gente de la religión, sino que ha convencido a muchos de que esta es por naturaleza una amenaza para el progreso científico. Pero ¿es eso cierto?

El papa Urbano VIII y los teólogos de la Inquisición romana condenaron la teoría copernicana alegando que era contraria a la Biblia. Los detractores de Galileo citaban las palabras de Josué “Sol, tente inmóvil”, las cuales, según ellos, había que entender literalmente (Josué 10:12). Sin embargo, ¿de veras contradecía la Biblia la teoría de Copérnico? De ningún modo.

La declaración de que el Sol se quedo inmóvil en el cielo no se produjo como resultado de un análisis científico, sino que fue un simple comentario de lo ocurrido desde la perspectiva de un testigo ocular Humano. Del mismo modo, nosotros hablamos a menudo de la salida y la puesta del Sol, y con ello no estamos diciendo que el sol gire literalmente alrededor de la Tierra.

Galileo fue más allá. Afirmó que dos libros escritos por el mismo Autor la Biblia y el libro de la naturaleza no podían contradecirse el uno al otro. Pero añadió que nadie podía “asegurar con certeza que todos los intérpretes hablaran por inspiración divina”. Es probable que esta crítica implícita de la interpretación oficial de la Iglesia se tomara como una provocación y fuera la causa de que la Inquisición romana condenara al científico. A fin de cuentas, ¿cómo osaba un simple laico criticar las prerrogativas de la Iglesia?

En noviembre de 1979, un año después de su elección, Juan Pablo II confiaba en que se revisara la situación de Galileo, quien, como el propio Papa admitió, “sufrió mucho por la acción de hombres y organismos de la Iglesia”. Trece años más tarde, en 1992, una comisión designada por el mismo Papa reconoció: “Algunos teólogos contemporáneos de Galileo no supieron interpretar el significado profundo, no literal, de las Escrituras, cuando éstas describen la estructura física del universo creado”.

Después de que esta comisión moderna hiciera una laboriosa revisión del caso, el Papa dijo que la condena de Galileo había sido “una decisión apresurada y desafortunada”. Cuanta hipocresía ¿les corresponde a los perseguidores rehabilitar a sus víctimas?.
Por eso desde aquí quiero expresar mi más profundo desprecio hacia aquellas personas que desde la intolerancia y el desconocimiento se declaran en jueces y verdugos.

Mi desprecio hacia aquellas personas también que desde la envidia y los celos se consideran con el derecho de meterse en la vida de otras personas.
Mi más profundo desprecio también para aquellas personas que son verdugos y se hacen las victimas.
Y, por ultimo. mi más profundo desprecio a aquellos que desde el anonimato y sin el más mínimo pudor se creen capaces de opinar sin considerar los sentimientos ajenos ¡No! no pienso negar lo que es cierto ……“¡y sin embargo se mueve!”

11 comentarios:

María dijo...

"Eppur si muove". Galileo se atrevió a romper dogmas y eso se paga, sea el dogma teológico, social o filosófico, normalmente el que se atreve a romperlo no sale indemne pero, aún hoy en dia, hacen falta muchos Galileos, si no para demostrar el heliocentrismo sí quizás para derrocar la miseria, la envidia, las desigualdades, la maldad y tantas otras cosas incomprensibles.

Y he puesto derrocar en lugar de eliminar porque, desgraciadamente, hay muchas maldades que reinan en este mundo que nos ha tocado vivir y que son incomprensibles.

Muy bueno, como todo lo tuyo.

Besos

scarlet2807 dijo...

Mi querido guardaespaldas, gracias por tus escritos que me encantan, tanto los históricos, donde te mueves com "pez en el agua", además de una forma amena´, y documentada, como en tus bellos poemas de amor, faceta que realmente me ha sorprendido gratamente.
He de decirte , que no necesitas decir " que no tienes perdón" ¿por qué?, estoy felíz que mi guardaespaldas tome vacaciones, así llega renovado.
Por otra parte, te apoyo, en todo lo que dices rechazar y despreciar, absolutamente de acuerdo.
Todos los mediocres e ignorantes, son envidiosos, y se dan el lujo de juzgar y entrometerse donde les da la gana.
ëse tipo de gentuza, además de despreciarla, me provoca asco...

Dos besos, Scarlet2807

wppa. dijo...

La ciencia, a pesar de sus progresos increíbles, no puede ni podrá nunca explicarlo todo. Cada vez ganará nuevas zonas a lo que hoy parece inexplicable. Pero las rayas fronterizas del saber, por muy lejos que se eleven, tendrán siempre delante un infinito mundo de misterio.
(Gregorio Marañon )
Una vez mas superior
Besos
wppa.

Anónimo dijo...

¡Cómo nos cuesta abrirnos a nuevas ideas¡ lo desconocido genera mucho miedo.
Lo has narrado maravillosamente y el personaje es especialmente interesante.
Gracias Manases. Un abrazo
Madeira

Anónimo dijo...

Sin saber a que te refieres, voy a añadir que bastante tendríamos con preocuparnos de desarrollar nuestra propia vida y nuestras propias capacidades sin andar juzgando hechos y circunstancias que afectan a la vida de otras personas.
Madeira

LIA50 dijo...

Que hubiesen pensado en esa época de todos los adelantos que tenemos hoy en día, menos mal que fue una etapa que no logró impedir que la ciencia avance...como tampoco debemos permitir que los envidiosos logren con sus criticas afectarnos...como todo lo tuyo muy interesante Besos Lía.

BONBOM dijo...

Manases, un buen escrito como en ti es normal, pues ya nos tienes acostumbrados a articulos muy buenos y bien documentados, la envidia no es buena para nada ni nadie.

Un beso

*Inesperada* dijo...

Excepcional visión de Galilei, desde tu prisma y acertadas maneras.
Primoroso relato de un personaje tratado injustamente en su época.
Me gustó tu posicionamiento final, mucho.
Me adhiero, sin repetirme, a lo que exprensan mis niñas comentándote a tí.
Y sí... ¿dejas caer algo de amores?
Quiero leerte en ese contexto ( si te apetece), me sorprendiste mucho.
Gracias Manasés, siempre.

D'MARIE dijo...

Namase lo que mas me gusta de este tipo de escritos,es que aprendo muchisimo..Yo,soy tan simple que solo se escribir,sobre temas triviales..a veces me siento hasta tontica ajajaj...en fin...es bueno saber que hay vida mas alla ,de la nariz de uno ajjaja..muy bueno
Besis

D'MARIE dijo...

Namase lo que mas me gusta de este tipo de escritos,es que aprendo muchisimo..Yo,soy tan simple que solo se escribir,sobre temas triviales..a veces me siento hasta tontica ajajaj...en fin...es bueno saber que hay vida mas alla ,de la nariz de uno ajjaja..muy bueno
Besis

Carmen dijo...

Me gusta, tu forma de redactarlo en primera persona, el tema elegido y la fuerza de tu conclusión final. Se te nota sin pelos en la lengua.

Un beso