* Reflexión *


Cuando asomamos a la vida, venimos desnudos, con la curiosidad del que no sabe qué ocurre, ni por qué acontece.
No sabemos cuidarnos y somos nutridos en cuerpo y alma, por quien nos sostiene y cobija en su regazo materno.
El afecto primero es decisivo, para conformar nuestro carácter y fortaleza, de por vida.
Los mimos y cánticos de amor, en nuestros llantos, cuando sentimos miedo, dolor o frío, apaciguan el desconsuelo, entre arrullos maternos.
Caminamos y aprendemos de los años, con los principios que se nos prestan, conformando nuestro yo, más preciado.
Perseguimos con encono la felicidad propia y ajena, como bien y razón primera.
Comunicamos y aprendemos a personas distintas, sueños planes y dilemas.
Construímos afectos, amores y sociedades dispares, que nos obsequian su alma, en la medida que saben, pueden y quieren.
Maduramos despacio o deprisa, según coyunturas y nuestro ego es salvaconducto evidente, a los ojos de quienes nos ven y nos miran.
Fallamos una y mil veces, unas sin importancia y miles con daños, queriendo o no, ante propios y extraños.
Nuestra conciencia reclama justicia, enmienda y disculpa, ante lo que pudo haber sido y lo que nunca debió hacerse.
Y pedímos perdón con la humildad necesaria. O, huímos cobardes, acallando temores y alimentando actitudes abyectas.
Seguimos los tiempos, con la confianza y alegría del deber cumplido.
Somos humanos, erranos, caemos y resurgimos con manos de afectos.
Sentimos vergüenza propia y ajena.
Queremos enmendar desaciertos, que nunca debimos haber cometido.
El daño hecho y consecuencias, reclaman oprobio y disculpas.
Y nos dan leccion de vida y actos , con los que no contábamos, personas generosas, de corazón noble.
Nos hacemos fuertes y justos, sin perder el norte y la senda.

Somos nada y todo.
Tal y como nacemos, morimos.


6 comentarios:

María dijo...

Coincido contigo en que hay que pedir disculpas por los errores, ahora bien quienes admiten nuestras disculpas jamás pueden hacer escarnio posterior de lo que nuestra conciencia nos dictó.

Besos

Mayte® dijo...

Es fácil pedir disculpas por un error contra alguien, pero conozco personas que se pasan la vida pidiéndolas porque nunca dejan de lastimar hablando sin tener conocimiento de causa alguna.

Es fácil perdona, pero imposible olvidar.

Un besote

scarlet2807 dijo...

Gran tema éste Ines, has tocado uno de mis puntos débiles, me cuesta mucho perdonar.
¿Sabes? cuando me han herido, y me piden disculpas, trato de mirar , si cuando me hirieron hubo intención, si no lo hubo, disculpo, pero si creo que lo hubo, no puedo, ( sé que ésa persona apena vuelva la espalda , me volverá a apuñalar)

Un beso, Scarlet2807

LIA50 dijo...

Inés muy bueno lo que escribistes, yo suelo perdonar y olvidarme rápidamente, siempre y cuando no se repetitivo con la misma persona, si es así no guardo rencores pero munca mas me brindo. Un beso Lía.

Madeira dijo...

Inés, entre lo completo que ha sido tu análisis y los comentarios anteriores no tengo nada que añadir.
Me han gustado mucho tus reflexiones.
Un beso

BONBOM dijo...

Yo solo añadir que se puede perdonar, pero no tenemos que olvidar que si midiesemos nuestros actos un poco , no tendriamos que pedir disculpas, porque si cojemos un papel nuevo y lo arrugamos, no se rompe, pero aunque luego lo alisemos jamás queda como antes de arrugarlo.
Un beso guapetona