Los triángulos de la vergüenza




Un triángulo es un inocente polígono hecho por tres rectas que se unen entre sí de dos en dos y forman tres ángulos interiores. Sin embargo uno de ellos, concretamente el equilátero, fue durante años utilizado como un símbolo vergonzoso asociado a las más aberrantes vejaciones, crímenes y barbaridades que fuera capaz de idear un ser humano.

Me refiero en concreto a la idea nazi de marcar a los judíos y demás prisioneros de los campos de concentración mediante un sistema de triángulos invertidos, de diferentes colores, cosidos a la ropa de forma bien visible para identificarles de un vistazo, concretamente es el que figura en la foto que ilustra este escrito y que trataré de resumir seguidamente:

1) Triángulo rojo: Para los prisioneros políticos.
2) Triángulo verde: Para los prisioneros comunes.
3) Triángulo azul: Para los emigrantes.
4) Triángulo violeta: Para los Estudiantes de la Biblia (testigos de Jehová).
5) Triángulo rosa: Para hombres homosexuales.
6) Triángulo negro: Para lesbianas, enfermos mentales, drogadictos y alcohólicos.
7) Triángulo marrón: Para los gitanos.

Pero esto no era todo porque los judíos tenían, además, el dudoso privilegio de tener un triángulo exclusivo para ellos, el de color amarillo. Con lo cual, como normalmente no se les acusaba solamente de ser judíos sino que se les adjudicaba alguna que otra "maldad", ellos llevaban dos triángulos, el amarillo y el otro superpuesto, para indicar la subdivisión de su delito, dándose la paradoja de que con los dos triángulos se formaba la llamada "Estrella de David".

Cuando estoy escribiendo esto, al poner eso de "ellos llevaban dos", me viene a la mente aquel anuncio de los Petit Suisse que decía "a mi me daban dos" y salían unos chicos altos y fuertes como consecuencia del consumo de los Petit Suisse. Pero para los judíos el que les dieran dos no significaba más desarrollo y más salud sino todo lo contrario, significaba más torturas, más vejaciones y más muerte.

Supongo que los nazis, que dejaban pocas cosas al azar, eligieron el color amarillo porque tradicionalmente fue con el que se "marcó" a los judíos desde siglos ha, tanto por musulmanes como por cristianos, la Iglesia católica incluida. Sólo recordaré a este respecto que ya en el año 807 el Califa persa Harun al-Rashid ordenó que los judíos debían portar un cinturón amarillo, o que el Papa Paulo IV decretó en 1555, mediante su "Cum nimis absurdum", la obligatoriedad de que los judíos usaran sombreros amarillos.

Aunque todavía y casi me atrevería a decir que cada vez más, hay gente que niega el holocausto, no quiero terminar esto sin señalar que a los marcados se les robó, se les expolió, se les violó, se hicieron aberrantes experimentos médicos con ellos, entre los que se incluye la vivisección, y, cuando ya parecía que no servían para nada, se les gaseaba y se hacía jabón con lo poco que quedaba de grasa en sus cuerpos.

Es algo que jamás deberíamos olvidar porque la historia, para nuestra desgracia, tiende a repetirse y la intolerancia es mala consejera.

4 comentarios:

Manases dijo...

NO tengo palabras paar descrinir este horror. te paso un enlace

http://www.ushmm.org/wlc/es/idcard.php?ModuleId=10007352

María dijo...

Manasés, yo no pude terminar de leer "La lista de Schindler" ni, por supuesto, ver la película.

Gracias por el enlace.

Besos

Rosana Martí dijo...

Hay cosas que no se explican, la cuestión es ir señalados toda la vida, porque a un o unos desquiciados le da por ahí.

Te mando besitos de colores para alegrar el alma, que falta nos hace en estos tiempos.

Rosana

Anónimo dijo...

A mis diecisiete años y con poca idea de la vida, fuí espectadora y oyente de un trabajo expuesto, por un compañero de clase, sobre los campos de concentración.
No se privó de exponer detalles y datos exactos sobre la barbarie, ni obvió los métodos de tortura, usados con los presos, especialmente los judíos.
Me conmocionó muchísimo aquella mañana, conocer los horrores perpetrados por los alemanes contra Seres Inocentes, para depurar la raza aria.
A posteriori leí el libro y visioné la película que tú aludes, además de ver buenos reportajes en la tele de sobrevivientes al Holocausto, contando su experiencia, con mucha amargura y lágrimas en los ojos.
Jamás olvidaré aquellas sensaciónes de impotencia, horror y amargura, por tanto abuso y sangre inocente derramada impunemente.
Yo tambien soy judia( en cierto modo).
Descansen en paz.

Buen escrito Maria,me gusta y me convence.¡Felicidades!.Inés.