8 de junio de 2010

+ Tres hombres en mi vida +

Si, tres hombres se han cruzado por mi vida el día de hoy, y fue de forma por demás significativa que no puedo dejar de reconocer lo que cada uno me dejó como enseñaza.
El primero de ellos un hombrecito de 10 años, llego a mi aula de apoyo libros en mano, debía estar conmigo durante la jornada de trabajo hasta terminar la guía de ciencias Naturales.
José Antonio llegó y tomó asiento lejos de mi lugar y se puso a trabajar, al poco rato se cambio al sitio que desocupó otro niño a mi lado y comenzó un diálogo, me contagió con su espontaneidad y su charla alegre, cada respuesta que debía dar a su guía de estudios, iba acompañada de una anécdota personal, “mi papá dice que les da infarto del corazón a las personas que fuman”…”mi primo Pipe, bueno, se llama Felipe pero le decimos Pipe, una vez se accidentó en una moto y se rompió un hueso”…”¡¡Ah!! Si, una vez de fuimos de vacaciones donde las mariposas Monarca, y todos nos pusimos alrededor de los árboles para que no los cortaran unos señores, de esos que hacen daño a la naturaleza, etc.

De Pepe aprendí su espontaneidad, su capacidad para reconocer lo valioso de cada vivencia, su jovialidad infantil me hizo pensar ¿en qué momento la perdí?

Más tarde de regreso a casa, circulaba por un boulevard con camellón central, disminuí la marcha antes de llegar al semáforo, cuando de pronto miré pasar al segundo hombrecito, de unos 8 añitos frente al auto que me antecedía, iba caminando solo con toda tranquilidad entre los autos aún en marcha, levantaba la mano haciendo señal de “alto” como diciendo, esperen paso yo primero, me asombró su actitud segura y confiada, paso firme, erguido, mirada al frente, desinhibido.
Sonreí ante tal hazaña ¿qué fue eso? Pensé, ¿un acto de valentía o confianza plena?
Aprendí que esa es la actitud con la que debemos andar ante la vida, escuchando esa voz interior que nos dice: - “Confía, nada te pasará”, solo así atraeremos cosas buenas a nuestra vida.

Seguí mi ruta y antes de llegar a casa hice un alto total para cruzar una avenida, de pronto apareció el tercer hombre, de unos 8 o 9 años, venía corriendo para cruzar la calle, se paró en seco al ver mi auto, me miro a la cara, mirada de ojos alegres, vivaces y hermosos, me sonrió como preguntando ¿puedo pasar? Le hice una señal afirmativa con la cabeza devolviéndole la sonrisa, pasó a toda prisa delante de mi auto sin retirarme la mirada, y feliz continúo su carrera…
De este hombrecito “ojos hermosos” aprendí que no siempre las palabras son portadoras de un mensaje o pensamiento, sino que basta con que se encuentren las miradas en la misma sintonía para hacer contacto con el otro Ser.
Cuando me iba a imaginar que a mi edad estaría yo hablando del encuentro casual de tres hombres en mi vida, sin que tuviera nada que ver con un ligue, flirt o cosa parecida…
¡Así es la vida!

*Hecho verídico ocurrido el pasado día 7 de Junio.

12 comentarios:

scarlet2807 dijo...

Que escrito más lindo Mega, cuanto nos enseñan "ésos locos bajitos", que diferente sería el mundo, si todos volvieramos a pensar y a actuar como niños...

Un beso, Scarlet2807

Madeira dijo...

Yo aprenderé de tí la atención por las cosas pequeñas que nos rodean, por las personas de diferentes edades que nos acompañan..
Me ha gustado mucho tu escrito Mega.
Un beso

Ella dijo...

La inocencia de los niños, su confianza, su temeridad, todo eso me has recordado. Gracias

Besos

Fibonacci dijo...

Muy enternecedor Mega, son los únicos que dicen la verdad, juntos con los borrachos.
Un beso

Soñador dijo...

Gracias mega,de ellos es el futuro que le dejamos nosotros.

Carmen dijo...

Nada como un niño. Muy observadora, por cierto.

Un beso

Rosso dijo...

Precioso Mega, por ellos siempre vale la pena el esfuerzo, es la inversión que los mayores deberíamos de hacer siempre.
Besitos.

Miranda dijo...

Megggg:

Mi agradecimiento por compartir este hermoso relato.

Definitivamente, hay mucho por aprender de un pequeñito.

Abrazos afectuosos y besitos a la distancia.

Marga Bombon dijo...

Mega, me has echo pensar y que verdad dices, los niños nos enseñan,si nos paramos a observar como tu has echo un beso guapa

Mayte® dijo...

Ojalá que siempre conserváramos la mirada inocente de la infancia.
Precioso relato Mega.

Un placer leerte

D'MARIE dijo...

Que bonito relato,creo que los niños son la magia del ser...me encanto!!
Besis

*Inesperada* dijo...

Los niños tienen la inocencia que perdimos los adultos, la naturalidad y el afan de aprender, lo que se les enseñe.

Me ha encantado, Mega, precioso!.

Gracias siempre.

Callad, por Dios, ¡Oh buñuelo!.

(La foto es de otro día, los de hoy los haré esta tarde que no me ha dado tiempo) Callad, por Dios, ¡oh buñuelo! Que no podré resisti...