La Otra ( IV - Fin)

Lola, indignada, coge la siguiente carta y la que le sigue a esta, y todas las demás, las lee absolutamente todas y descubre una realidad que no sospechó nunca y que le indigna y le asquea hasta límites insospechados.

Su madre acudió a esa cita para decirle a Manuel que estaba embarazada de ella y, en contra de su propósito inicial, él la convenció y siguió siendo su amante durante toda su vida, recogiendo las migajas de "amor" que él quería darle, aceptando cada mes el dinero que el le ingresaba en su cuenta, siendo, en definitiva, "la otra", una mantenida durante toda su vida.

Lola recuerda cuando le preguntaba a su madre de qué vivían y ella siempre le respondía que no se preocupara, que tenía una buena pensión de viudez y que su padre dejó una participación en una sociedad que le reportaba unos ingresos regulares. Qué estúpida he sido, pensó, jamás me interesó indagar en ese tema porque jamás me faltó nada cuando era joven y luego, simplemente, me marché a trabajar a muchos kilómetros de aquí y me limité a hacer mi vida.

Medita sobre todo lo que ha leído, sobre su verdadero padre, sobre el hecho de que esté viudo desde hace un año y de que su único hermano falleciera en accidente de automóvil hace 6 meses, sobre el repentino interés de su padre por conocerla y, sobre todo, sobre el hecho de que su madre, en la última carta que le envió a Manuel, le comunicara que iba a hacer lo necesario para convencerla de que tuvieran un encuentro.

Se siente traicionada, por su madre, por su padre y hasta por sí misma por no haber sido más perspicaz y no haber tenido la intuición necesaria para, una de esas veces que le asaltaban dudas, buscar un hilo del que tirar y haber averiguado la verdad.

Toma una decisión, irá a ver a su padre y tendrá una conversación con él, así que toma la tarjeta que acompañaba a la carta en que su padre mostraba ese repentino interés por conocerla y llama. Soy Lola Nájar, le dice a la secretaria que le responde, quiero concertar una cita con D. Manuel a la mayor brevedad posible, dígale que se trata de un asunto personal; la secretaria la pone en espera y, minutos después, le pregunta: "¿le vendría bien esta tarde a las 6, Srta. Nájar?", sí, responde Lola, allí estaré.

Son las 3, tiene tiempo para algo que necesita hacer antes de la visita, se pone a hacerlo y, a las 5, se arregla con esmero y sale en dirección a la empresa de su padre. Cuando llega, la hacen pasar inmediatamente a un lujoso despacho y se topa cara a cara con un hombre de unos 60 años, todavía en buena forma aunque con unas grandes ojeras.

El hombre se levanta y le dice: "hija mía, por fin te conozco, déjame que te abrace", Lola alarga su brazo y pone la mano en el pecho del hombre para impedírselo diciéndole a su vez: "sólo he venido a traerte algo que te pertenece" y le alarga un paquete con las 35 joyas que encontró en la caja del armario. El rehúsa, diciéndole: "no, hija mía, esas joyas son tuyas ahora que tu madre ya no está", tú eres mi única heredera, todo lo que poseo, todo lo que ves y más es para ti y hace un gesto señalando a través de la ventana de su despacho las grandes instalaciones que se divisan desde ella.

Lola no se inmuta, deja el paquete sobre la mesa y le dice: "no soy tu hija, parece ser que me engendraste pero tú hace 35 años que perdiste el derecho a ser mi padre, no voy a entrar en juzgar a mi madre pero, bajo ningún concepto, pretendas que sea tu hija ahora que has perdido al tuyo propio, a tu legítimo". Manuel la mira, incrédulo, como no comprendiendo que Lola sea capaz de rechazarle a él y a todo lo que le está ofreciendo pero ella, haciendo caso omiso de su mirada, saca un sobre de su bolso, lo deja también sobre la mesa y le dice: "ahí tienes un cheque por las cantidades que, según he calculado, se gastó mi madre en mí desde mi nacimiento, dinero que, te recuerdo, le pasabas mensualmente por ser tu amante. He incluido también los intereses correspondientes, también hay una tarjeta mía para que, si me he equivocado al calcular y me he quedado corta, hagas que tu secretaria me llame y te enviaré la diferencia".

Adiós, "querido papá", le dice mirándole con ojos como el hielo y con todo el desprecio y la frialdad que es capaz de imprimir en su voz y empieza a salir del despacho.

Espera hija, le dice Manuel suplicando, pero ella se vuelve y le dice: "nunca ¿me oyes?, nunca vuelvas a ponerte esa palabra en tu boca dirigiéndote a mí" y se marcha pisando firme y con la amarga satisfacción de haber hecho algo de justicia.

11 comentarios:

Carmen dijo...

Insisto en lo de que eres muy buena narrando. En cuanto a la historia, lo hubo siempre, es una triste realidad en la que nadie pudo ser completamente feliz.

Un beso

Anónimo dijo...

Un regalo todo lo que escribes..siempre lo dire y con la calidad no se miente..felicitaciones linda!!
BESIS
Marie

Anónimo dijo...

María, creo que nunca podremos compartir más que con este relato.
Tenía muchas ganas de que lo terminases. Un beso niña

Madeira

Fibonacci dijo...

Me ha gustado muchisimo María la historia que has contado.
Un besote casto

María dijo...

Madeira, tengo la impresión de haber traido algún mal recuerdo, si ha sido así lo siento, sólo es ficción.

Besos

scarlet2807 dijo...

María, tus relatos son inigualables, puedes escribir lo que te dé la gana, y siempre será el mejor, de verdad, te considero extraordinaria...

Un beso, Scarlet2807

BONBOM dijo...

Eres maravillosa escribiendo, me gusta muchisimo todo, absolutamente todo lo que escribes.
El relato genial.enhorabuena
muchos besos

wpaa. dijo...

Tema fuerte ,pero leido en tus letras ,resulta muy interesante
Me gusto maria . eres fantastica en tus artuculos .
Un beso
wppa.

Madeira dijo...

María, no, nada personal, de verdad. Sólo se trata de un tema de creencias que ya te explicaré con más calma.
Gracias. Me ha gustado muchísimo la forma y el final que le has dado.
Un beso enorme

Manases dijo...

Menudo Culebrón María digno del mejor guionista, pero te felicito eres muy buena, pero pienso que tu inteligencia es digna de algo mejor quizás…….. William Shakespeare versión femenina... besos María

Alejandro dijo...

Yo también coincido, eres buenísima escribiendo.

Un saludo