5 de mayo de 2012

Erase una vez


Ayer, no sé por qué, me vino a la memoria el cuento de los hermanos Grimm que, posteriormente, la factoría Disney convirtió en película. Se trata de la historia de Rapunzel, una guapa niña que fue entregada por sus padres a una bruja nada más nacer porque la madre, estando embarazada, tuvo el antojo de comerse unas manzanas del huerto de la bruja y ese fue su castigo.

La bruja, malvada como todas ellas, encerró a Rapunzel en una torre y ella cantaba desde la ventana. Sus cabellos dorados se hicieron tan largos que la bruja usaba su trenza como escala para subir a la torre y, un día, un príncipe que pasaba por allí se enamoró de ella y de su voz y consiguió que Rapunzel también le lanzara la trenza a él para visitarla.

A pesar del encierro de Rapunzel, fueron muy felices hasta que la bruja se enteró y, como las brujas suelen tener muy mala leche, le cortó el cabello a Rapunzel y la abandonó a su suerte en el bosque y, no conforme con ello, le hizo un hechizo al príncipe y lo dejó ciego y vagando por el bosque sin saber ni volver a su castillo.

Pasó mucho tiempo pero un día el príncipe reconoció en el bosque la voz de su amada y, aun ciego, consiguió llegar hasta ella y se abrazaron tiernamente. Rapunzel, emocionada y triste al verle ciego, lloró y sus lágrimas cayeron en los ojos del príncipe y le curaron la ceguera y fueron felices y comieron perdices y todo eso que pasa en los cuentos.

Yo, retorcida como soy a veces, me imaginaba la versión moderna del cuento y, por ejemplo, me imaginaba que el príncipe podía haber escuchado los cantos de Rapunzel por la radio (un suponer), luego, investigando un poco aquí y allá, habría dado con su teléfono y se habrían enamorado sólo con oírse. Más tarde, él pondría en su GPS la dirección que ella le hubiera dado y se pasearía con su coche bajo el balcón (lo de la torre lo veo complicado en estos tiempos) de Rapunzel mientras ella, asomaba su cabeza con los cabellos dorados y le lanzaba besitos.

Después, aún en el supuesto de que ella tuviera una bruja que la tuviera encerrada, el príncipe echaría mano de la tecnología y se alquilaría un camión con una pluma o, si el balcón fuera muy alto, una grúa grandota como las que usan en los puertos, y se iría a buscar a su Rapunzel que, encantada, bajaría hasta él enganchada en la grúa, llevando como único equipaje las joyas y un neceser con los primeros auxilios de maquillaje y los rulos.

Ella lloraría (si no llora la cosa no tiene gracia), seguro, pero sus lágrimas serían de amor y de emoción, porque la bruja no se hubiera atrevido a dejar ciego a su príncipe; y él, aunque no necesitaba sus lágrimas para curar ninguna ceguera, enjugaría con sus labios las lágrimas de ella y le sabrían a gloria.

Luego, una vez pagada la factura de la pluma o de la grúa, se irían ambos en el coche del príncipe a ser felices y comer perdices o chocolate o lo que les apetezca, porque igual a los príncipes de ahora no le gustan las perdices.

11 comentarios:

Otto dijo...

Princesa, arroja tu melena por la almena...que si no comemos perdices,
al menos sellaremos nuestras cicatrices y sobre una pluma sobrevolaremos nuestras derrotas.
Siempre me gustaron los cuentos, será porque la vida a veces es eso, un bello cuento.

Carolina dijo...

jajajajajajajja, me parto de la risa de la forma tan original que describes como la versión moderna del cuento... nada más de imaginarme al principe con GPS (aunque así y todo se pierden)jajajajajajajaja, ahíii, me orino de la risa... la grúa jajajajajajjaj

Un placer venir a visitarte y robarnos la sonrisa del sábado.

Besitos de luz y esperanza

Rosana Martí dijo...

Recuerdo que cuando era niña, representé a Rapunzel en el cole, escuché en la radio el cuento, que yo misma adapté, hice el vestuario, montaje, maquillaje, y además hice el papel principal. Gracias por traer estos recuerdos tan lindos a mi mente. Y canté: Sola, solita estoy en esta torre tan alta, pronto vendrá un príncipe y me sacará de aquí.....jajajajaja.

Te quiero mi linda amiga, cuídate mucho, estoy descansando y no publico, pero intentaré no quedarme sin tus publicaciones.

Mos dijo...

Tienes razón, paisana. Yo creo que a los príncipes de ahora no les gustan las perdices. Mejor el jamón de bellota, una pizza del telepizza, (por eso de que son jóvenes) y, si es temporada, unos melocotoncicos de nuestra tierra que son los mejores.

Humor, alegría, cachondeo, imaginación y gracia, mucha gracia la tuya, María.

Feliz primavera, nena.

un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

Ginza dijo...

Creo que me ha gustado mas tu versión del cuento jajaja hasta deberían hacer una película con esta

Me has sacado una sonrisa hoy ;)
Gracias y que gusto leerte de nuevo

Besos!

Rosa de los Santos dijo...

Maria , hoy de cuentos y adaptaciones ? jajajaja. ahora toca en teatro y cine !! besossss

andré de ártabro dijo...

¡Pues para rematar no, no estaría mal un chocolate bien hecho , y fueron felices con un potente Ferrari.
¡Me has hecho reír!.
Besos.

ion-laos dijo...

Jajajaja, el set de auxilios de maquillaje, jajajaja, y los rulos, jajajaja, menos mal que no se ha acordado de los bolsos y los zapatos, jajajaja.

Gracias por las risas María, eres una crack!

Pasa un buen día de la Madre, besotes!

Rosa Mª dijo...

Mil gracias María, por escribir tan requetebien. Me ha gustado muchísimo.
Besos. Rosa.

Lapislazuli dijo...

Me gustan la modernizacion de los cuentos infantiles y en el tuyo con la aplicacion de la ultima o casi ultima tecnologia se lleva aplausos
Un abrazo

chus dijo...

Eres buena la vemrdad, la prinavera da humor aunque este complicada ¿como estas? bien o muy bien. Muakkkkkk

Callad, por Dios, ¡Oh buñuelo!.

(La foto es de otro día, los de hoy los haré esta tarde que no me ha dado tiempo) Callad, por Dios, ¡oh buñuelo! Que no podré resisti...