De las lentejas al gigoló


Ayer, mientras cenábamos, alguien sacó el tema de los nombres tan retorcidos que, en ciertos sectores hosteleros, le ponen a las comidas y uno de mis hijos recordó una "mousse de lentejas con cebolla caramelizada y boletus y no sé qué leches más" que, en plan canapé y servido en cucharita de porcelana, nos pusieron una noche en la Fundación Miró, en Barcelona, durante una recepción para presentar un producto. Aquello les debió costar una pasta, supongo, el alquiler del recinto por un lado y la mousse de lentejas por otro. Yo no la probé porque las lentejas las he odiado desde pequeñita pero, eso sí, me puse morada de todo lo demás.

Y, recordando esa noche, también se acordaba mi hijo de que había por allí uno que se pasó más de dos horas mirándome fijamente pero fue incapaz de acercarse a decirme nada. Él insiste en que me tenía que conocer de algo y de ahí sus miradas pero yo, con más cara que espalda, le dije: "¿qué pasa, es que tu madre no le puede gustar a uno o qué?".

A continuación, como ya le tocaba a él, nos echamos unas risitas recordando que en esos días le tomaron por mi gigoló, cosa que a mí me hizo una gracia tremenda y me dolía el estómago de tanto reírme pero que a él no le terminó de gustar.

El niño estaba todavía en la universidad y le dije: "¿oye tú tienes algún examen la semana que viene?" y, como me dijo que no, le respondí: "nada, pues te vienes conmigo a Alimentaria que te vayas poniendo en solfa". Así que allá que nos fuimos los dos y, al llegar al stand de la cervecera donde habíamos quedado para comer, el relaciones públicas, que tiene una guasa de no te menees, me dijo: "ostras María, ¿te has traído al gigoló?". Yo me ahogaba de las risas, bueno yo y todo el mundo porque la hora que era allí había más gente que en los toros y éramos el centro de todas las miradas, pero la verdad es que a mi hijo le sentó como una patadita en la barriga, más que nada porque la noche anterior, al llegar al hotel donde siempre nos alojamos cuando voy a Barcelona, me dijo el recepcionista echándole una miradita aviesa: "Buenas noches, señora x, ¿no viene su marido?" y yo, mala como soy, le dije: "no, esta vez no viene, ¿le basta con mi D.N.I. o quiere el de él también".

Total que al nene, a pesar de que han pasado tres años del asunto, le sigue picando el tema del gigoló pero yo le digo: "te aguantas, eso te pasa por ser tan guapo".

12 comentarios:

andré de ártabro dijo...

Por lo que se deduce tienes un hijo guapo y si se parece a la madre ha de ser bien simpático me has hecho sonreír con tus verdes, y eso de la restauración es verdad en un restaurante de Braga me sirvieron un plato que se titulaba "frango a la faisca con retruxillo marcha atrais" y no veas como estaba la pechuga de pollo.
Un beso.

Gala dijo...

Ay mi niña.. tú si que tienes guasa!
Pobre hijo... jajajaja, la verdad es que la historia es graciosisima, aunque entiendo que a él no le hiciera ni pizca de gracia.
Pero bueno, eso pasa por sacar ciertos temas de conversación.. luego derivan en otros.. y claro, pasa lo que pasa...
Estoy más que convencida que tu hijo es bien guapo.. y tú como su madre que eres, bien orgullosa has de estar!...
Besitos mediterráneos.

ion-laos dijo...

Jajajajaja, que me troncho contigo y con André, jajajajaja.

Pero bueno, tu hijo tendría que estar orgulloso del peazo madre que tiene y no revenirse de esa manera, ainsss, que celosones son! A mí si me gustan las lentejas, pero a la española, dejate de mousse que eso suena a yogurt, jajajaja.

Besotesss!!!

Rosa de los Santos dijo...

DE TAL PALO TAL ASTILLA , NO? BESOS Y FELIZ AÑO -

Rosana Marti dijo...

¿A quién habrá salido el niño?? que levante la mano la culpable o calle para siempre. Tus historias siempre dibujan en mi una enorme sonrisa.

Un beso mágico y feliz noche de reyes, vive la ilusión y sé una niña deja que fluya de ti.

Mos dijo...

¡Es que, es que...! Pones en un aprieto al más pintao, paisana.

Pobretico el nene! Y tú tan chula presumiendo de gigoló guapo. Es genial, paisana. Eres un terremoto, un vendaval que arrasa pero de gracia y desparpajo, María.

Quién sería el que no te perdía ojo. Vete tú a saber.

Un abrazo de Mos desde mi orilla aún navideña.

Julie dijo...

Eres genial!!! Felices Reyes Magos!!!

E..P.. dijo...

Hola Maria.
Como padre de dos hijos y medio padre de una hija (por la hija de mi pareja, soy divorciado)se de sobra que tienes un hijo maravilloso y te sientes orgullosa de el.
Me alegro un monto y de la historia lo has disfrutado cosa sana,jajajaja.
Un abrazo Maria.

Lara dijo...

Hola María "Feliz Año Nuevo" y "Felizce Reyes".....uff...cuanto tiempo sin pasar por aquí y veo que no pierdes el buen humor.....me alegro un montón volver a leerte......Un abrazo.

Rosa dijo...

FELIZ AÑO NUEVO, LLENO DE BENDICIONES
UN BESITO ROSA FRIAS

Manases dijo...

“El niño” como tu dices se tuvo que aguantar, pues son “lentejas” o las tomas o las dejas…genial María me ha gustado mucho tu relato y gracias por compartir con todos nosotros estas anécdotas de tu vida… un beso

* Inés * dijo...

Será, María, que esa situación se da donde tú te alojaste y señoras maduras invitan a su alcoba a sus complacientes gigolós.
Lo gracioso de todo esto es que los recepcionistas hablar no hablan, por discreción pero las caras deben ser un poema.
No sé si existen normas hoteleras para erradicar estas disciplinas amatorias, pero ¿porqué siempre nos parece que piensan mal de unas señoras que van a lo que hay que ir, que es dormir?.
¿Cuando tienen claro el asunto, es decir, que es para un rato de gozo de la señora, qué hacen?.
Supongo yo María que cobrar y callar, que el negocio es el negocio.
Un beso María, me ha gustado tu vivencia. Ya sabes que me encantan.