Medusa a la vasca

Hay que reconocer que este mes los de la FAO han estado sembrados pues, si a mediados de mes recomendaban comer insectos, ayer se despacharon con que hay que comer medusas porque, por un lado, acabamos con la plaga y, por otro, con el hambre.

Como la FAO depende de la ONU y en esta trabajan, en diferentes departamentos, lumbreras de la talla intelectual de dos de nuestras ex ministras, la verdad es que no me extraña ni lo de los insectos ni lo de las medusas.

Ahora bien, como el movimiento se demuestra andando mientras algún lumbrera no diga lo contrario, yo propongo a estos de la FAO “hacerse un Fraga en Palomares”, es decir, igual que aquel se bañó con su Meyba sobaquero y grandes dosis de cinismo para demostrar que lo de la bomba de Paco no era nada, que estos de la FAO se coman en público lo que predican que tienen que comer los demás.

Y, como muestra de buena voluntad por mi parte, les voy a dar ideas para un menú completo, postre incluido:

1) Primer Plato: Crema de medusa

Ingredientes:

1 a 2 Medusas de buen tamaño (a pajera abierta, sin miedo, que son gratis).
Agua
1 Patata (pequeña, sin abusar)
1 Cebolla también pequeña
2 Cucharadas de harina agusanada (dicen ellos que los gusanos de la harina son la leche en plan proteico y ácidos grasos).

Preparación:

Lavamos la medusa y la ponemos a cocer media hora con la patata y la cebolla.

Trituramos todo y reservamos una parte para el segundo plato, que no está la cosa para dispendios.

Añadimos las dos cucharadas de harina para espesar el caldo.

Como flotarán los gusanitos de la harina, nos ahorramos ponerle picatostes.


2) Segundo Plato: Medusa a la vasca

Ingredientes:

4 Medusas medianas
El caldo de medusa que hemos reservado del primer plato.
2 Huevos duros (de serpiente o bicho similar que habremos salido a buscar gratis al campo).
1 Ajo
2 a 3 cucharadas de harina con sus gusanitos correspondientes.
4 a 8 Grillos o saltamontes (sustituto de las gambas)
200 grs. de escarabajos patateros (sustituto de las almejas)
100 grs. de chinches verdes (sustituto de los guisantes)
Perejil
4 tallos de hinojo cogidos de la orilla de la carretera (sustituto de los espárragos)
1 vaso de agua (para sustituir el vino blanco)
Aceite
Sal

Preparación:


Escaldamos todos los bichos en agua con sal teniendo la precaución de estar con un matamoscas al lado por si se nos quiere fugar alguno.

Calentamos el aceite en una cazuela y doramos ligeramente los ajos.

Apartamos del fuego y rehogamos ligeramente la harina y añadimos el perejil.

Añadimos el caldo y el agua y, cuando rompa a hervir, añadimos la medusa y la tenemos 4 o 5 minutos.

Le damos la vuelta a la medusa y colocamos encima los grillos, el hinojo y los escarabajos patateros.

Espolvoreamos con las chinches verdes y colocamos los huevos partidos a cuartos o a rodajas.

Tenemos un par de minutos al fuego, retiramos y dejamos reposar un poco antes de servir.


3) Postre: Sorbete de oruga con perlitas de ámbar rellenas.

Ingredientes:

Azúcar
Orugas
Agua
Moscas

Preparación:

Trituramos las orugas con agua y azúcar y ponemos en el congelador en copas.

Hacemos caramelo rubio (para que parezca ámbar), ponemos pequeñas cantidades sobre papel de cocina y, rápidamente para que no se enfríe, ponemos una mosca en cada montoncito y envolvemos.

Decoramos cada copa de sorbete con perlitas al gusto.


¿A que da muchísimo asco?, pues más, infinitamente más, está dando toda la gente que nos desgobierna, hasta el extremo de que dan ganas de ser como la otra Medusa, la mitológica, e ir por ahí convirtiendo en piedra a todo político/ dirigente que mires a los ojos.

La Tostadora

Como este mes estoy de reposiciones, allá va eso:



Yo soy sonámbula desde siempre;  normalmente 
me paseo por la casa, generalmente a oscuras, voy al baño, a la cocina, mantengo una conversación más o menos incoherente con alguien de mi familia si me los encuentro (dicen ellos que contesto algo) y vuelvo a la cama yo solita.

Pero, algunas veces, el sonambulismo se sale un poco de lo normal, como el día de la tostadora. Porque una noche me levanté, fui a la cocina, cogí una tostadora, me volví a la cama y la  puse entre mi marido y yo.

La cosa no hubiera pasado de una simple anécdota de no ser porque mi marido, durmiendo, se dio la vuelta y se clavó la tostadora en los riñones. Yo me desperté cuando le oí gritar jurando en arameo y echándose mano a los riñones.

Al principio, como es muy raro que él se enfade y yo estaba medio dormida, pensé que le había dado un cólico nefrítico y me dije a mí misma: "doler duele, pero tampoco es para que grite de esa manera, qué poco aguante tienen los hombres, por Dios".

Al momento me dijo que se había clavado la tostadora, que por qué me la había llevado a la cama, que mirara la señal que se le había hecho, que si quería matarlo, que qué iba a ser lo próximo y no sé cuantas cosas más, la verdad es que estaba realmente enfadado. Yo, haciéndome la digna, le dije:"oye, pues menudo escándalo que estás montando por una tontería de nada, si la tostadora ni siquiera estaba enchufada y ni te has quemado ni te va a quedar marca, aún puedes dar gracias" y, acto seguido, di media vuelta y a dormir de nuevo. Entre sueños le oí decir que probablemente no la había enchufado porque el cable no llegaba al enchufe y no sé cuantas cosas más.


A la mañana siguiente a él ya se le había pasado (que no olvidado), tiene muy buen carácter, pero yo medité sobre el asunto de la tostadora y reconocí dos cosas: primera que realmente llevaba la marca en los riñones y segunda que lo levantarme de madrugada y llevarme el cuchillo jamonero para ponerlo debajo de la almohada ante sus ojos atónitos estaba muy reciente

La teoría de los dos pollos

Foto tomada de Google



Ayer publicaba María ( http://miplumadecristal.blogspot.com.es/2013/05/trucos-para-llegar-fin-de-mes.html ) una serie de consejos para ahorrar en estos tiempos tan difíciles que nos está tocando vivir.

Como animaba a dar ideas, contribuí con un comentario en el que, más o menos, le decía que en la compra y la cocina se puede ahorrar mucho si se organiza bien el tema y hoy publico mi teoría de los dos pollos (estoy en plan Einstein total, de esta me dan el Nobel). Allá va:

Por comodidad, por no andar troceando el pollo, muchas veces tendemos a comprarlo en piezas sin, quizás, darnos cuenta de lo que nos podemos ahorrar comprándolo entero, así que, como lo mío de toda la vida son los números, detallo a continuación mi teoría:

1) Compra dos pollos de 2kg. Cada uno a 2,05€/ kg. = 8,20 €

Y de aquí (salvo que el pollo sea cojo), sacamos:

4 pechugas
4 muslos y contramuslos
4 alas
2 esqueletos

2) Compra las mismas unidades de despiece por separado: 14,50 €

a) 4 pechugas: 1 kg. Aproximadamente a precio de formato ahorro = 5,50 €
b) 4 muslos y contramuslos: 2 kg. Aproximadamente a precio de formato ahorro = 4,90 €
c)4 alas: 500 grs. aproximadamente a precio de formato ahorro: 2,35 €
d) 2 esqueletos: 500 grs. aproximadamente: 0,75 €

Y así, como el que no quiere la cosa, nos hemos ahorrado en 4kg. De pollo la friolera de 6,30 €, es decir, un 76,82%, porcentaje que acojonaría si estuviéramos hablando de cantidades mayores ¿no?.

Como tampoco es plan de estar comiendo todo el día pollo, yo propongo congelar y con los dos pollos hacer las siguientes comidas:

  1. 2 Pechugas fileteadas a la plancha o a las finas hierbas con guarnición de verduritas en ambos casos.

  2. 2 Pechugas rellenas.

  3. 4 muslos y contramuslos asados con guarnición de patatas enanas (otro día cuento mi teoría de la patata) o al tomillo.

  4. Alitas barbacoa (para esto hay que juntar más alas que con 4 no hay para nada).

  5. Caldo con los esqueletos, añadiéndole un hueso de jamón, otro de ternera, un chorizo, una patata, una zanahoria y un nabo (y más verduras, como puerro, si se quiere). Luego, para que no se entere ni el Tato (el Tato son los niños) de que el caldo lleva verduras, se tritura y se cuela y sale un caldo estupendo y espeso. Hay para dos veces con esto.

  6. Y ya, si queremos rizar el rizo, no habremos dejado los esqueletos muy pelados de carne y con ella, el chorizo y el jamoncito del hueso y una bechamel podemos hacer unas croquetas riquísimas que no tienen nada que ver con lo que venden por ahí congelado.

    Resumiendo, que merece la pena trocear los pollos, total cuando llevas mil o dos mil lo haces como si nada. Lo de la cantidad es broma, pero sí, realmente hay muchas cosas que nos pueden hacer ahorrar en la compra, lo del pollo no es más que un ejemplo, y ya sabemos, como aquella del anuncio, tacita a tacita...abrigo de visón que me compro.

Coitus interruptus






Foto tomada de Google

Ayer por la mañana iba a lavar unos caracoles que había tenido tres días ayunando para ponerlos al sol en agua y que sacaran la molla y, al cogerlos, me vi a dos de ellos copulando y, la verdad, no tuve valor para separarlos y lo dejé para al cabo de un rato diciéndome a mí misma: "pobrecitos, total va a ser la última vez que lo disfruten" y, a continuación, me vino a la cabeza el chiste aquel tan tonto de uno que decía que la mayor ilusión de su vida sería hacer el amor con una vieja y, al ser preguntado por el motivo, respondió que porque seguro que la señora, pensando que podía ser la última vez que se veía en el tema, le pondría tal interés a la cosa que aquello tenía que ser la leche de bueno.

Pero el caso es que entré varias veces a la cocina y ellos a su marcha, no se separaban, y ya me dio por pensar si  es que los caracoles eran unas fieras, sexualmente hablando, y entonces me fui al Google a buscar algo de información y, cuál no sería mi sorpresa, que descubrí que cada cópula entre caracoles dura entre 4 y 7 horas (por lo visto son lentos hasta para eso) así que me miré el reloj y me dije a mí misma: "como les he visto a las 9 y ya estaban liados, les doy de plazo hasta la 1 de mediodía que es cuando hace las 4 horas".

Pues dicho y hecho, a la una volví dispuesta a lavarlos y a ponerlos en agua al sol y aún seguían liados, yo los miraba fijamente y ellos ni caso, dándole al temita sin parar así que se me planteó el dilema de si les dejaba tres horas más hasta cumplir las 7 o los lavaba y, egoístamente, opté por lo segundo porque se me iban a pasar las horas de sol y si les hacía sacar la molla con agua caliente no están igual que al sol.

Y me dio pena, la verdad, porque pensé que igual iban a tener un coitus interruptus por mi culpa pero, teniendo en cuenta que llevaban como mínimo 4 horas liados (que yo supiera), los lavé y dije: "pues ya que todo el mundo pillara un coito de 4 horas".

VER AHÍ EL VIDEO QUE ES MUY MONOOOOOOOOO (SOBRE TODO EL BESITO DEL MINUTO 1):

http://escribimospensamientos.blogspot.com.es/2011/04/coitus-interruptus.html

(Lo pongo así porque no me deja ponerlo de Youtube)



P.D. Esto es una reposición y ¿por qué lo repongo?, pues porque estamos en época de caracoles y este video me gusta mucho.

La operación biquini del gato

Hoy me he enterado, viendo un anuncio en televisión,
de que los gatos engordan aproximadamente un 30% cuando los esterilizan (o sea, cuando los capan que esto de esterilizar suena a que los hierven).

Y he sabido de ello porque una conocida marca de alimentos para animales ha sacado un producto para gatos light, ya no sé si los gatos adelgazan comiendo eso o es que no engordan, pero para el caso es lo mismo, el tema es que parece que están los gatos de operación biquini.

La verdad es que no me gustan nada los gatos, el primer motivo es porque uno de mis primeros recuerdos de la infancia es mi pelea con la gata que había en casa porque la muy ladina me quitó un trocito de jamón que me estaba comiendo. Ganó ella, por supuesto, y me arañó y me mordió, con lo cual se ganó que mi padre la echara al coche y la dejara en algún sitio y nunca más volvió (no le pasó como al del chiste aquel que, harto de que la mujer le hiciera más caso al gato que a él, se lo echó al coche y lo dejó tres veces por ahí y antes de que él volviera las dos primeras veces ya había vuelto el gato. La tercera vez llamó por teléfono a casa y le dijo a la mujer: “oye ¿ha vuelto el gato?, si ha vuelto que se ponga al teléfono y me diga qué camino ha seguido que yo me he perdido y no sé volver”.

El segundo es motivo es la gata de mi antigua vecina, una de estas gatas pijas (no recuerdo la raza) terriblemente insoportable que se pasaba la vida colándose a mi casa en cuando pillaba una ventana abierta y rompía lo que a ella le apetecía. La puñetera gata no comía nada en mi casa (yo intenté picarla dándole de todo a ver si la cebaba y un día podía envenenarla)

Y el tercero un gato pequeñajo que, a instancias de mi hijo que se encaprichó de él en el campo de mi prima, tuvimos un mes en casa y terminé devolviéndolo al campo porque, aparte de romperme unas cortinas y rajarme la tapicería de un sofá, quería matarme de un infarto y se escondía debajo de las estanterías o donde se le ocurría y me salía a traición.

A la conclusión que llegué con este gato es que estos bichos te tienen a tí en lugar de tú a ellos como puede pasar con un perro. El gato se pone encima de tí cuando le apetece, te mira como diciéndote ¿tú qué sabrás? Y, por supuesto, hacen lo que les da la gana.

El caso, volviendo a la comida esa light para gatos, es que hay mercado para todo, incluyendo el de mascotas, y si no que me lo pregunten a mí que un día, haciendo tiempo porque me fui al Corte Inglés sin coche y esperaba que vinieran a buscarme, me metí en lo de las mascotas y le compré al perro un impermeable amarillo como el del Capitán Pescanova y 4 botas de agua.

El perro iba de dulce, todo hay que decirlo, pero no pude ponérselo más que una vez porque el caucho de las botas se le escurría con el brillo del suelo y se quedaba ahí despanzurrado; así que, cada vez que me veía con el impermeable y las botas en la mano, salía huyendo el muy cobarde.

El ratón de Pili (Reposición)

Hoy necesito reírme y, por casualidad, me he acordado de esta
 historia y, más casualidad todavía,  he visto que publiqué  esto
hace exactamente 3 años, en mis inicios del blog,  así  que he decidido reponerlo:

El verano pasado entró un ratón en el chalet de unos amigos, a los que llamaré aquí Pepe y Pili, él es miembro de las fuerzas de seguridad del Estado y ella es una andaluza graciosísima. Cuando vio el ratón, Pili estaba colocando la compra y llevaba en las manos dos sprays insecticidas. Nada más verlo, hizo lo normal, se subió a una silla y llamó a su marido gritando:

"Pepeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee", mientras tanto el ratón se escondió detrás del mueble más grande del salón y, acto seguido, la conversación se desarrolló como sigue:

Pepe: ¿Qué te pasa Pili? ¿por qué gritas así?.

Pili: Ayyyyyyyy Pepe, qué susto por Dios, hay un ratón ahí.

Pepe: ¿Estás segura Pili?.

Pili: Vamos a ver Pepe ¿tú crees que iba yo a estar subida en la silla si no hubiera un ratón?

Pepe: Vale, Pili, voy a por una escoba.

Pepe regresa con la escoba, mueve con gran esfuerzo el mueble detrás del cual estaba el ratón y, cuando este asomó la nariz, se lió a escobazos con él; pero el ratón se le escapaba y Pepe rompió la escoba y tuvo que ir a por otra. 

A todo esto Pili echando insecticida con las dos manos en dirección al ratón. Cuando Pepe volvió con la otra escoba, se inicia el siguiente diálogo:

Pepe: ¿Pili se puede saber qué haces echando insecticida que no se puede respirar aquí?.

Pili: Muy fácil Pepe, quiero matar al ratón.

Pepe: Pili, te recuerdo que un ratón no es una mosca, no se le puede matar con insecticida.

Pili: Pepe, me da lo mismo, si no se muere seguro que se le ponen los ojos malos y no te ve cuando le arrees con la escoba.

Pepe, resignado, se pone de nuevo a perseguir al ratón, tratando de darle con la escoba pero no lo conseguía y Pili, ya desesperada le dice:

Pili: Pepe, saca la pistola y pégale dos tiros al ratón.

Pepe: Pili ¿tú sabes lo que estás diciendo?, ¿cómo le voy a pegar dos tiros al ratón?.

Pili: Pues muy fácil Pepe ¿no haces tú tantas prácticas de tiro y estás siempre presumiendo de puntería?, tú coges la pistola, lo acorralas y le pegas dos tiros.

Pepe: Pili que te digo que no le voy a disparar al ratón bajo ningún concepto.

Pili: Pepe, a ver si va a resultar que todo un (le dijo su graduación) no va a tener cohones a matar un ratón a tiros.

Pepe: Piliiiiiiiiiiiii, no me los toques ¿eh? no me lo toqueeeeeeeeees.

Pili: Lo que yo te diga Pepe, que no eres capaz de pegarle dos tiros a un ratón.

Ahí es donde Pepe reaccionó y, de un escobazo, mató al ratón. La pistola no la sacó pero luego confesó que, por un momento, le dieron ganas de...


Si no se hubiera ido




Ayer terminé de leer “El Tango de la Guardia Vieja”, el último libro de Arturo Pérez Reverte al que, Capitán Alatriste aparte, soy adicta. Y, aunque he leído todo de él siempre vuelvo a mi favorita, a su entrañable Carlota Bruner (personaje de “La Piel del Tambor” que se vuelve loca esperando la llegada de su amado que, en busca de fortuna para, siguiendo los parámetros de su familia, ser digno de ella, se embarcó a las Américas y nunca volvió a verla con vida pues, cuando volvió rico, ella había muerto enloquecida por la pena de no tenerle y de no tener noticias suyas porque su padre le requisaba la correspondencia).

En su momento, Pérez Reverte confesó que una canción, en concreto las Habaneras de Sevilla, de Carlos Cano, le había inspirado el personaje en cuestión y la verdad es que la retrata a la perfección





Pero hay más canciones que, por uno u otro motivo, me recuerdan a Carlota, como por ejemplo “En el muelle de San Blas”, de Maná, o “Le llamaban Loca”, de José Luis Perales, ambas protagonistas locas por ausencia de su amado.






Y pienso, volviendo a Carlota, en qué hubiera sido de su vida si él no se hubiera ido; probablemente , como dice Marco Antonio Solís, sería tan feliz




porque, sin duda, él le ofrecería hasta traerle perlas de lluvia de un país donde jamás llueve, como decía Jacques Brel en su "ne me quitte pas"







y ella, como Edit Piaf, vería “la vida en rosa”




pero, como él partió y no regresaba, no pudo evitar, al igual que Aznavour, “mourir d'aimer (morir de amar)” porque debe ser terriblemente duro no tener noticias de quien amas, hasta el punto de ser capaz de enloquecer de ausencia.



El emperador, las galletas María y las zapatillas



Foto tomada de Google, si está protegida la quitaré de inmediato de si me avisan.
El otro día hice de comer emperador a la plancha y berenjenas rebozadas; la cosa, por supuesto, no tiene nada de extraordinaria, es una comida de lo más normal, pero a mi hijo mayor se le ocurrió recordarme una de las mil perrerías que, siendo pequeño, me hizo mi otro hijo.

Y una de ellas tiene que ver con el emperador precisamente. Resulta que un día comiendo en un restaurante, con mis primos, cónyuges e hijos, pedí emperador a la plancha para comer y a mi hijo, que estaba sentado a mi lado, le pedí otra cosa (no recuerdo qué, pero fue lo que él quiso, por descontado) y el muchacho, cuando llegó el camarero con los platos, va y le dice: “¿y no podría yo comer también emperador, es que mire Ud. que mi madre no me da nunca y a mí me apetece?.

Yo no sabía si estrangularlo en directo o meterme debajo de la mesa, porque eran épicas mis persecuciones detrás del niño para que comiera pescado y a él no le daba la gana. El caso es que, sin comérmelo ni bebérmelo, quedé como la madrastra de Blancanieves y el niño se comió mi plato y yo no me comí el suyo porque del disgusto que tomé se me quitaron las ganas. Ello no obstante, cuando pocos días después le presenté en casa un plato de emperador no le dio la gana de comérselo, como de costumbre y así sigue de adulto.

Y, recordando las “monerías” del nene, que era un cabrito de marca mayor, me vinieron a la memoria otras dos cosas y nos echamos unas risas con ellas, primero la de las galletas María y luego la de las zapatillas.

Lo de las galletas María me la hizo por partida doble, primero haciendo la compra (era comprador compulsivo y cogía todo lo que estaba a su alcance) echó al carro un paquete de las susodichas galletas y yo, como a nadie le gustaban en casa y comíamos Chiquilín, las devolví al estante. Cuando vio que las devolvía, pegó la hebra con un señor mayor que estaba a mi lado haciendo la compra (siempre se ha llevado muy bien con la gente mayor) y le dijo: “¿Sr. sabe Ud. que mi madre no me quiere comprar galletas María a pesar de que a mí me gustan mucho?. El hombre, como el nene era la personificación de la inocencia tan rubio y mirando con esos ojazos “inocentes”, sintió pena por él y me dijo que, si yo quería, él pagaba las galletas pero que no dejara al niño sin ellas.

Yo igual, tierra trágameeeeeeeeeee, más roja que un tomate y tratando de explicarle al señor que el nene mono lo que comía eran galletas Chiquilín y que estaba hasta el moño de tirar las cosas que cogía en el super por el puro placer de comprar. Al final, por supuesto, el hombre no me creyó y yo me terminé llevando las galletas que nadie se comió.

Pero el asunto de las galletas María no terminó allí, nooooooooooo ¡qué va!, porque a los pocos días fuimos de visita y como era la hora del café le ofrecieron al niño unas galletas María y tuvo el cuajo de comérselas a pesar de que yo le dije a la señora que no se molestara que no le gustaban; en realidad se las comió y le dijo mirándome a mí ladinamente: “es que como mi madre no me las compra...”.

Pero, con todo, eso no fue lo peor de lo que hemos recordado, porque lo que más me dolió fue lo de las zapatillas y el otorrino. Tenía el niño unas hemorragias nasales tremendas y, en varias ocasiones, le tuvieron que cauterizar las venas y el otorrino, en una de ellas, le dijo que procurara no resfriarse, no andar descalzo y todas esas cosas que suelen hacer los niños. El muchacho, como no estaba por la labor de confesar que hacía todo eso porque le apetecía, buscó rápidamente un culpable para lo de andar descalzo y le dijo al médico: “es que yo no andaría descalzo si tuviera zapatillas de andar por casa, pero como mi madre no me compra pues no tengo más remedio que ir descalzo”.

Ahí ya no es que yo estuviera a punto de matarlo por mentiroso, es que no me dio un infarto porque Dios no quiso porque, entre las carcajadas del médico, que ya le tenía la medida tomada, y visualizar su zapatero donde, entre otras más normales, tenía tres pares de zapatillas de dinosaurio, oso y mono respectivamente, yo me atragantaba y veía en rojo y no podía ni hablar. El caso es que no lo maté, pero confieso que ese día me faltó el canto de un duro.