LA RECUPERACIÓN ECONOMICA


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Es mucho lo que se habla en estos días de los recortes salariales y personales. Diariamente hay manifestaciones y revueltas en contra del gobierno. Todos los días la prensa escrita, tertulianos en radio y TV. nos llenan todo nuestro tiempo hablándonos de la crisis económica y sus consecuencias, como si no supiéramos cuales son las consecuencias. 

Yo, sinceramente, estoy casando de oírlos y he optado por no leerlos más ni escucharlos. La razón es sencilla: ninguno aporta una solución real. Nos hablan de macro-economía como si fuéramos tan tontos que no sabemos decir cuantas son 2 mas dos, y todos sabemos que si yo gano dos no me puedo gastar cuatro. 

Yo voy a intentarlo hacer mas sencillo, es como si viviéramos en una comunidad de vecinos. Uno de los vecinos ricos es un malgastador siempre va presumiendo de dinero, de ropa de marca, de comer en los mejores restaurantes y de tener el mejor coche pero, curiosamente, le debe a todo el mundo.

 Hay también algunos vecinos en el edificio que son pobres, pero les atraía el estilo de vida del vecino rico, así que se endeudaron innecesariamente y ahora están sufriendo para poder pagar todas sus deudas, ya ni los bancos les conceden un crédito. 

 Entre tanto, el padre de la familia más pobre del edificio acaba de permitirse el lujo de celebrar un espléndido banquete para sus amiguetes, a pesar de que varios de sus hijos están pasando hambre. 

 De vez en cuando, se celebran reuniones de vecinos para hablar de los problemas de la comunidad, el presidente le recuerda a la familia rica que deben ya más de 6 cuotas; como es normal, la familia rica se siente ofendida y amenaza con airear los trapos sucios de todos los vecinos. Como consecuencia, aumenta la tensión entre la familia rica y las pobres. Es obvio que hay algo en la manera de administrar la comunidad que falla desde sus origenes. 

 Se mira la recuperación económica sin pensar primero que tiene que haber antes otra recuperación, sí me refiero a la recuperación moral, de esa que nadie habla. Mientras exista el egoísmo, la avaricia y los celos, jamás podremos solucionar todos nuestros problemas.

Peladillas para la ardilla

Estaba a mediodía esperando que se hiciera la hora de comer y, de pronto, he oído mucho cante flamenco y un ruido que no identificaba. Total que, por puro cotilleo, he salido a la terraza y me he puesto a mirar a la calle.

Los del cante flamenco eran un montón de gitanos que, a tenor de la vestimenta, venían de una boda e iban a algún salón de celebraciones. Lo del ruido eran peladillas (impensable una boda gitana sin ellas) que los niños se han dedicado a tirarle a una ardilla que han localizado en uno de los árboles de la calle y, al caer al suelo, digamos que “eclosianaban”, cual si de un huevo se tratara, y se separaba la almendra del azúcar.

La ardilla, por supuesto, se ha hecho fuerte en lo más alto del árbol y ha dicho que nones, que no bajaba, que ya recogería ella las peladillas cuando le diera la gana. De tonta no tiene un pelo el bicho en cuestión y de tímida tampoco, porque se pasea por los coches aparcados cuando a ella le viene bien como Pedro por su casa y, con buen criterio, habrá pensado que unos 15 niños juntos armados con peladillas son demasiados para jugar con ellos.

Ellas iban todas estupendas, excesivas pero estupendas, con mucho encaje, mucho adorno en el pelo, mucho chal llamativo, etc., pero cada cual tiene su concepto de la elegancia y a nadie le importa (pienso yo) la del vecino. Lo de ellos me ha resultado de lo más raro, primero porque sólo he visto a uno con traje y segundo porque todos, absolutamente todos, llevaban camisa rosa. Eso tiene, sin duda, algún significado del que pienso enterarme próximamente, vamos en cuando vaya al mercado y pegue la hebra con Joaquina, una conocida mía gitana a la que le compro los ajos de toda la vida.

En realidad, aunque ya me han dicho en casa que es mi penúltima chalaura y que a Joaquina no debe quedarle ningún hijo sin casar, lo que voy a hacer es pedirle que me invite a la boda de uno de sus hijos (o, en su defecto, nieto/a), porque sí, porque tengo yo ganas de empaparme de ese rito tan ancestral, de ver como funciona la cosa del pañuelo de la virginidad, de hincharme a peladillas y, en resumen, de experimentar una cosa nueva. Lo de los tres días de festejos no tengo el cuerpo para aguantarlo, pero puedo ir un rato cada día.

Por parte de Joaquina no creo que haya ningún problema para invitarme, porque es un encanto de mujer que hasta me mantiene al día de todos los hechos significativos de su prole y, por la de “su Antonio” supongo que tampoco, aunque seguro que igual se acuerda de cuando le dije machista y otras cuantas lindezas más porque no la dejaba a ella ni ir a la escuela de adultos a aprender a leer ni ponerse pantalones y pasaba mucho frío en invierno. Recuerdo que me lo pasé genial ese día, yo argumentando todos los derechos de Joaquina que él pisoteaba y él, no dando crédito a lo que estaba pasando, exhibiendo sus razones cada vez menos convencido hasta que, supongo que por aburrimiento y porque me callara de una vez, me terminó dando la razón.

En realidad, no creo que “El Antonio” me guarde rencor por aquello porque, cada vez que tengo que ir a la Iglesia que hay cerca de su casa, dejo el coche en su puerta y, aprovechando que siempre hay alguno de su familia en la calle, les digo: “vigiladme el coche y que no me lo toque nadie eh” y, jamás me lo ha tocado nadie, de hecho sé que lo defenderían con uñas y dientes si hiciera falta y que no podría aparcar en otro sitio más seguro.

Miguelito, te voy a...


Te miro, fija y descaradamente,
diciendo bajito, en un tono impío:
"¿Eh, chaval, tú sabes que eres mío?”.
Ávida, inquieta, amorosamente,

y..., descontrolada, saco mi lengua,
sé con certeza que voy a comerte
pero, antes, me apetece lamerte,
suavemente, mas sin darte tregua,

suspiro, embriagada por tu sabor,
a punto ya de perder cualquier control,
con las mejillas teñidas de rubor,

muy consciente de lo que te voy a hacer,
abro la boca, jadeante, y ohhhhh...
te muerdo “Miguelito”. Diossssssssss qué placer.



Y ahora, os presento a "Miguelito":



Lo del cuchillo y el tenedor es nada más que para disimular, me los he comido con la mano y haciéndoles todo eso que digo en el soneto.


Por si alguien no lo sabe, los “Miguelitos” son unos dulces típicos de La Roda (Albacete) y se llaman así porque un tal Miguel (amigo del pastelero) fue el primero que los probó. Como son unos de mis dulces favoritos y, aprovechando que fui diabética por error y que ahora soy hipoglucémica crónica (hasta que me den con lo que la causa) y puedo comer azúcar, esta mañana he hecho unos cuantos (40 me han salido) y llevo todo el día de “experiencia religiosa” con ellos. Aunque es una cosa muy simple, hojaldre relleno de crema pastelera, os dejo la receta por si alguien no la sabe y quiere hacerla.

Ingredientes:

1) Una o dos planchas de hojaldre (fresco o congelado). Con una plancha de 250 grs. salen unos 20.

2) Para la crema que, en esta ocasión, he hecho de avellanas:

- De 100 a 120 grs. de harina ( dependiendo de lo espesa que la queramos, a mí me gusta muy espesa y le pongo 80 grs. de maizena y 40 grs. de harina de trigo.

- 2 cucharaditas de levadura Royal

- 2 cucharaditas de azúcar vainillada o vainilla líquida.

- 1 l. de leche (yo la pongo semi).

- 150 a 200 grs. de azúcar (según nos guste de dulce).

- 5 a 6 yemas de huevo (según tamaño).

- De 50 a 100 grs. de avellanas molidas (según nos guste).

- 1 Corteza de limón o naranja (procurando que no lleve el blanco interior porque amarga)

- 1 rama de canela (opcional). Yo la pongo si hago la crema sin frutos secos.

(Con esta cantidad sobra crema, pero esa es otra historia porque ya puestos a hacer...).

3) Para espolvorear:

Azúcar glas (no hace falta comprar, sobra con moler el azúcar cristalizado que usamos habitualmente con la picadora o el molinillo del café).


Preparación:


1) El hojaldre:

Simplemente lo partimos en rectángulos, lo ponemos en una bandeja de horno (separados entre sí) sobre una lámina de Teflón, papel de horno o silicona y lo metemos al horno a la temperatura y tiempo que indique en el envase. Importante precalentar el horno previamente para que suba bien. Mientras se hace, preparamos la crema.

2)  La crema:

Mezclamos en un bol las dos harinas y la levadura y reservamos.

Ponemos en otro bol las yemas con el azúcar y la vainilla y batimos con las varillas hasta que empiecen a blanquear.

Ponemos la leche al fuego con la corteza de limón o naranja y la canela en rama.

Incorporamos a las yemas con azúcar la mezcla de harinas y la levadura y las avellanas y batimos un poco más hasta que quede una mezcla homogénea.

En cuanto empiece a hervir la leche, sacamos la piel de limón o naranja y la rama de canela e incorporamos la mezcla anterior y batimos sin parar con las varillas hasta que empiece a hervir de nuevo (lo hace en menos de dos minutos, por lo que no hay que distraerse y dejar de batir porque se nos quemaría).

Dejamos enfriar.

3) Relleno:

Partimos horizontalmente por la mitad cada rectángulo de hojaldre, rellenamos la parte inferior con la cantidad de crema que queramos y tapamos con la parte superior.

Espolvoreamos con azúcar glas.


Y digo que, con la cosa de la crisis, no vamos a desperdiciar las claras, así que...