Media naranja


Hay dos cosas que me gustan de Platón y Aristófanes, lo de la media naranja y lo de que inventara (Aristófanes) o, al menos, sacara en una obra suya el gesto del “jódete”, o sea lo de extender el dedo corazón.

Como aquí yo soy muy buena o muy modosita, me voy a dejar lo del dedo corazón para el otro blog y voy a contar lo de la media naranja tratando de no enrollarme mucho.

Para quien no lo haya leído, “El Banquete”, de Platón, consiste en varias disertaciones sobre el amor que tienen lugar en un banquete ofrecido por Agatón.
Uno de los invitados a ese banquete fue Aristófanes y, cuando le tocó disertar a él, contó una historia sobre el origen de los humanos según la cual, al principio de los tiempos, los hombres eran perfectos y redondos como el naranjito aquel del mundial de fútbol de no se qué año. Los naranjitos en cuestión tenían dos caras, cuatro brazos, cuatro piernas, etc. y podían tener tres sexos: masculino, femenino y andrógino .

Siempre según Aristófanes, parece ser que los naranjitos se hicieron muy resabiados con el tiempo y Zeus se enfadó con toda su raza y los partió por la mitad con un rayo, y cosas de Zeus (que, por un quítame estas pajas, le hacía todas las perrerías que se le ocurrieran al destinatario de sus iras) al partirlos les dejó la cabeza para atrás y los órganos sexuales para adelante.

Con el tiempo, Zeus se compadeció de los humanos y le ordenó a Hermes que les diera la vuelta a la cabeza y se las pusiera en el mismo lado que las manos y el sexo, no sin antes advertirles que les podría partir de nuevo por la mitad y jorobarles ya de por vida, vamos teniendo que ir a la pata coja, mancos, con media cara y no quiero ni pensar la mitad de la parte anatómica que no menciono por donde la partiría.

Parece ser que el objetivo final del perdón de Zeus era que cada medio naranjito pudiera encontrar a otro medio de diferente sexo y, al acoplarse, obtuvieran su satisfacción. La leyenda dio lugar a que comúnmente se le llame mi media naranja a nuestra pareja.

A mí en realidad no me extraña porque mira que están buenas las naranjas y la de cosas que se pueden hacer con una naranja, desde cocinar cerdo hasta hacer buñuelos pasando por bizcochos, helados y un montón de cosas más.

Y que conste que me reservo lo de qué hacer con media naranja, con la mía digo, que ahí ya las posibilidades son infinitas pero, en vez de contarlo, me lo reservo para él y se lo digo a solas.





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Un reino por amor


He estado dudando entre titular esto “Un reino por amor” o “Contigo pan y cebolla” pero, como hoy estoy de un romántico subido, opto por lo primero.

Lo de “Un reino por amor” se lo podríamos aplicar a Eduardo VII quien, enamorado hasta las trancas de Wallis Simpson y no pudiendo casarse con ella por las leyes y convencionalismos absurdos que rigen la monarquía británica, no dudó en abdicar con la siguiente frase: “Me resulta imposible soportar la pesada carga de responsabilidad, así como el poder desempeñar mis deberes como rey, de la manera que a mí me gustaría, sin la ayuda y el apoyo de la mujer que amo”. Resumiendo que, aunque parece ser que no era correspondido de la misma forma, como así lo demuestran las cartas que Wallis dirigió a su ex y que se han publicado recientemente, el amor de Eduardo hacia ella era tan grande que no lo dudó y optó por ser feliz.

Escandalizó a propios y extraños, sobre todo cuando transcendió que su mayordomo le había pillado de rodillas en el suelo pintándole a Wallis las uñas de los pies, pero él vivió la vida que quiso junto a la mujer que quiso, sin importarle renunciar a un reino por ello.

Lo de “Contigo pan y cebolla”, aunque suene menos romántico que lo del reino es, en realidad, lo mismo, sólo que aplicado al resto de los mortales, a los que ni tenemos reino ni falta que nos hace para amar a nadie.

Pienso que lo del pan y la cebolla se refiere a las renuncias o dificultades que, en ocasiones, hay que hacer por amor y es que la vida no siempre es fácil, te puede poner obstáculos que, igual en un momento dado, te puedan parecer casi imposibles de salvar, pero yo estoy convencida, absolutamente convencida, de que, con paciencia y amor, todo se termina consiguiendo y, sobre todo, de que cualquier cosa merece la pena por ello.

Porque ese amor, el que sientes por tu rey particular, el que te hace desear reposar tu cabeza en su “colchoncito” mientras él te acaricia y te llama “mi reina”, eso no tiene precio, su valor es tan incalculable que merece lo que se pague por él, de hecho yo hasta renunciaría a la cebolla y me quedaría sólo con el pan, ¿para qué más si le tengo a él?.



Buenos días Sra. Petunia


Ayer debatíamos en casa sobre la conveniencia o no de hablar con las plantas. Mis hijos sostenían que no sirve de nada hacerlo porque las plantas, al no tener neuronas, son incapaces de entenderte por mucho que les hables, les pongas música o les cantes el brindis de La Traviata.

Yo, a pesar de que nunca he hablado con las plantas aunque me encantan pero sí he hablado y hablo con los perros, estaba esperando espectante a ver si me tocaba lo de hablar con los animales y me tocó, ¿cómo no me iba a tocar si a ellos les encanta tratarme de loca por decir que los perros lo entienden todo?.

Ellos sostienen que los perros se guían por el tono de voz y que te mueven el rabo si les hablas con voz agradable les digas lo que les digas; de hecho, un día para demostrármelo le dijo uno de ellos a mi perro (ya fallecido) con una voz toda melosa: “ven aquí chiquitín mío que te voy a apuñalar veintisiete veces” y el perro moviendo el rabo tan contento como si le estuviera dando gambas a la plancha (lo aficionó mi marido a comérselas y era pasión lo que tenía con ellas). A continuación le hice yo la demostración al revés y le dije tratando de parecer enfadada: “dame un beso” y el perro me dio un lametón en el cuello, que es lo que en plan perro (por lo menos este) se entiende por un beso.

Pero, volviendo a las plantas, yo me guardé muy mucho de dar mi opinión sobre si te entendían o no porque, de momento, no hablo aún con ellas pero no lo descarto aunque, visto el chistecito que hizo mi hijo diciéndome: “tú mañana sales a la terraza y dices buenos días Sra. Petunia, ¿le apetece a Ud. un trago de agua, un poquito de abono...?”, en el caso de que decida hablar con ellas procuraré hacerlo sola, lejos de las dos “criaturas”, más que nada por evitar la guasa a mi costa.

Diccionario Mama-Español / Español-Mamá


Eso de “por un perro que maté, mataperros me llamaron” es absolutamente cierto porque a mí me pasa, en concreto con la fama que, a nivel familiar, me han creado mis hijos, sobre todo el pequeño, de inventarme palabras.

La cosa viene porque un día utilicé la palabra “pimflo” (vale que no existe y que no sé ni de donde la saqué) para referirme a unos auriculares. Creo que las carcajadas se oían hasta en Santander (y vivo en Murcia), y el cachondeito que se gastaron y se siguen gastando a costa de la palabreja ya es inenarrable.

Pero yo, como me gustó la palabra, porque para algo era hija mía, la sigo usando y la usaré (ahora lo hago malvadamente, con alevosía) para referirme a cualquier cosa que tenga que ver con sonido, auriculares, etc. Digamos que la adopté “per saecula saeculorum”, digan lo que digan ellos y se rían lo que quieran ¡faltaría más!.

Ahora bien, digo yo que el que un día me inventara una palabra y la siga usando no les da ningún derecho a decir, conmigo delante para más INRI, que existe un diccionario Mamá-Español-Español-Mamá y, a las primeras de cambio, acusarme malamente de seguir inventando palabras; sin ir más lejos el otro día me lo hicieron con la palabra “pirindolo”, con la cual me referí a una cosita parecida a una pequeña peonza que lleva la cafetera y cuyo uso o necesidad aún no le hemos descubierto.

Y vale que la RAE dice que pirindolo/a no existe, pero anda que no sabe todo el mundo lo que significa, si hasta es polisémica la palabra en cuestión.

Así que, como yo soy de las de “si no quieres caldo tres tazas llenas”, adopté de inmediato la palabra “pirindolo” para utilizarla tantas veces como sea posible, a ver quién puede más, si ellos con su guasa del diccionario Mamá-Español-Español-Mamá o yo con mi pimflo y mi pirindolo.

Un día tan bueno como otro


Diga lo que diga El Corte Inglés, hoy es un día tan bueno como ayer o como mañana para decirte que te quieroooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo y escuchar juntos:









Toi et moi, deux cœurs qui se confondent au seuil de l'infini, loin du reste du monde, haletants et soumis à bord du lit, qui tangue et va sous toi et moi.

Toi et moi, libérés des mensonges et sevrés des tabous. Quand la nuit se prolonge entre râles et remous, nos songes fous, inventent un nous...

Pues eso, que te quiero.



I Will Always Love You



Hoy ha fallecido Whitney Houston, víctima de sí misma, de su adicción a las drogas. Como confesó en su momento, su peor demonio era ella misma y hoy, desgraciadamente, lo ha demostrado.

Como nunca entenderé, ni aprobaré, ni disculparé las adicciones, ni siquiera las mías porque, en mayor o menor medida, todos las tenemos (chocolate, dulces, etc.), no voy a ponerme aquí a hacer un panegírico, me limitaré tan sólo escucharla, a seguir sin entenderlo y, por supuesto, a lamentarlo.





Alma desnuda


Con el alma desnuda te he de decir:
"no habría mayor desgracia que estar sin ti"
no concibo la vida lejos de ti
no tenerte para mí sería morir

cuando lloro de necesidad de ti
no es porque dude de que tú eres mío
porque sé que, como yo, estarías vacío
si un día la vida te alejase de mí

mis lágrimas, amor, son sólo emoción
es tan sólo expresar un sentimiento
tan enorme que desborda el corazón

son sólo llanto de agradecimiento
por tanto que nos ha dado la vida
un homenaje por querernos tanto

Nuestra marmota se llama Candelaria


En Estados Unidos y Canadá se celebra el 2 de febrero el día de la marmota, el Groundhog Day, fiesta que consiste en sacar una marmota de su madriguera donde está hibernando y, si el día está nublado y el animalito no ve su sombra, deja de hibernar porque piensa que el invierno terminará pronto. Si, por lo contrario, la marmota ve su propia sombra y se vuelve a hibernar significa que el invierno se alargará.

Parece ser que la predicción de la marmota tiene un índice de fiabilidad de entre el 75% y el 90%, según marmota, e incluso hay algunas de ellas famosas y, por supuesto, con nombre propio.

Los entendidos dividen su origen en dos teorías, ambas importadas por los colonizadores de América, una de ellos la atribuyen a los irlandeses y otra a los alemanes quienes, tiempo ha, observaban el comportamiento de los tejones para predecir el tiempo.

Pero en España no somos menos, sólo que aquí tenemos nuestro equivalente a la marmota en plan religioso, cosa que, por otra parte, suele ser muy común porque hay muchas fiestas religiosas que son adaptaciones de antiguos ritos paganos.

Aquí tenemos a Nuestra Sra. de la Candelaria, cuya festividad se celebra también el mismo día 2 de febrero y nuestro refrán: "Si la Candelaria plora el invierno está fuera", es decir, que si llueve ese día el invierno está acabándose.

De todo lo cual podemos deducir que nuestra marmota se llama Candelaria. Bueno, en realidad no podemos deducirlo, pero a mí Candelaria me parece un nombre monísimo para ponérselo a una marmota.